sábado, 19 de marzo de 2022

GUERRA

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Hola a todos.

Hay guerra, es el tema más actual. 

La verdad es que, por desgracia, siempre hay alguna guerra en el mundo, con miles de muertos y millones de desplazados.

Pero, esta vez, la tenemos en la puerta de atrás de casa. Y no sabemos si nos va a tocar sufrirla en nuestras carnes.

Bueno, sufrirla ya la estamos sufriendo, nos pilla en medio de una crisis económica y después de una pandemia. ¡¡¡Ufff!!!

Y estamos viendo que, al contrario que cuando nos pillan lejos, en esta guerra están sufriendo personas que hace menos de un mes vivían exactamente como nosotros. 

Bueno, exactamente no; porque ellos han tenido experiencias más cercanas y recientes. Y en cierto modo muchos temían cualquier cosa del país vecino, aunque imagino que nunca de estas características y rompiendo todos los convenios internacionales y acuerdos humanitarios sobre la protección debida a los civiles.

Porque, ¿quién está nunca preparado para una guerra?

Estoy convencida de que ni los soldados que participan en las guerras están preparados para el horror y la barbarie que eso supone. 

El otro día, comentaba en el grupo de catequesis de adultos esta misma pregunta, llegando más lejos. ¿Para qué están preparados vuestros hijos?, ¿para qué estamos preparados?, ¿cómo ha sido nuestra educación para afrontar las dificultades, los sufrimientos, las separaciones, el vacío?

Vivimos en una sociedad que lleva años ocultando la muerte y el sufrimiento, incluso durante la pandemia, -que los hemos vivido muy cerca-, nos han tapado la muerte maquillando cifras, censurando imágenes. 

Pero esta guerra la estamos viviendo en directo, viendo como una embarazada es herida en el ataque a un hospital infantil y cómo mueren, tras dar a luz, ella y su  hijo. Y estamos viendo cómo huyen y cómo tienen que pasar días en refugios o en el metro, viendo cómo se destruye todo lo que conocían. Y no nos atrevemos a hacer gran cosa, porque en cualquier momento nos llega a casa la destrucción.

Por suerte, también estamos viendo personas valientes y generosas que se recorren el continente para echar una mano y traerse a sus casas familias enteras que van a descolocar sus vidas y a cambiarlas radicalmente cuando todos estamos temiendo el desabastecimiento y la inflación.

Y, sobre todo, hemos visto cómo los corazones han empezado a mirar hacia arriba. 

Si Zelenski ha conseguido que Europa se una en la defensa de la democracia y la libertad, aunque no pueda hacer gran cosa para parar los pies a Putin (no vamos a decir a los rusos, que no saben ni lo que pasa); la guerra ha unido a todos en la oración. Conocemos y creemos en el poder de la oración y creemos en que Dios siempre nos escucha.

Pero, la verdad, es que seguimos sin estar preparados. El otro día una mujer ucraniana, con la que conectaba la TV regañaba a la presentadora y a su equipo por su falta de confianza, de esperanza y de fuerza. 

Estamos acostumbrados a tener todo enseguida, a la satisfacción inmediata de los deseos y a no tener que esperar para conseguir lo que queremos. No nos han preparado para la frustración, para la dificultad y para no poder hacer nuestra voluntad. Y eso nos convierte en pesimistas y da paso a la ansiedad y la depresión.

Pero ahora vienen malos tiempos. Tiempos en los que ya amenaza el desabastecimiento e incluso la pobreza para muchas familias (si es que no son ya pobres por la pandemia  y sus secuelas).

¿Quién nos ha preparado para eso? Nada ni nadie, por desgracia. 

La pregunta ahora es: ¿qué solución nos queda ahora? ¿cómo recuperar o sostener esa fortaleza de la que está dando muestras el pueblo ucraniano?

En general la sociedad ha perdido la fe. Como no necesitamos a Dios, lo hemos alejado de nuestras vidas.

Me decía un profesor el otro día, hablando de la presencia de Dios en nuestras vidas, que hasta que no llega un momento en que lo pasas realmente mal y no te queda nada a lo que agarrarte, no experimentas que Dios está arriba, que siempre está a tu lado, que te acompaña y que sólo Él es el que puede iluminarte en las decisiones, fortalecerte en las dificultades, acompañarte siempre.

Yo me preguntaba. ¿Por qué hoy la gente necesita que le rodee el mal para acordarse de Dios?

Sólo he encontrado una respuesta:  no hemos vivido a Dios en la familia. No hemos rezado en familia, no hemos practicado la presencia de Dios en la familia. Los mayores hemos querido ser "políticamente correctos" y hemos tenido miedo a manifestar públicamente nuestra fe. Y sólo, como me decía el profesor, nos hemos acordado de Dios como de Santa Rita: "cuando truena". Y los pequeños no han sido capaces de encontrarlo. En los colegios hemos rezado con los niños, los hemos sacramentalizado, pero no han tenido "experiencias de Dios" o si las han tenido han sido poco significativas. Y, para colmo vino la pandemia y ya ni siquiera podían ir a la iglesia.

Todo esto ha traído como resultado niños débiles interiormente, manejables, manipulables, con muy poca o nula capacidad de resiliencia, de superación. Niños que no han hablado con sus padres ni con personas que les pudieran orientar espiritualmente y han necesitado psicólogos y psiquiatras.

Porque, primeramente, hasta sus padres habían sido educados de la misma manera. 

Pero, si algo nos enseñaron Madre Dolores y el Padre Tejero fue que la salvación de las almas, aunque sea difícil no es imposible.


Hoy nuestros Fundadores nos invitan a salvar almas. Empezando por nuestras propias almas.

Nos invitan a acercarnos cada día a Dios, que sigue estando ahí. 

A hablar con Él, a contarle nuestras cosas, nuestras preocupaciones y dificultades; nuestras alegrías y satisfacciones. 

Nos invitan a sentir la presencia de Dios en nuestras vidas. Nos invitan (y más ahora en cuaresma), a mirar a Jesús.

Busquemos en el móvil una foto de Jesús, pongámosla en alguna carpeta a la que nos sea fácil acceder, o hagamos un acceso directo desde la pantalla de inicio de nuestro móvil, y miremos a Jesús.

Abramos su foto y mirémosle. Dejémosle que nos mire. Enseñemos a nuestros hijos a mirar a Jesús, a dejarse mirar por Él. 

Pongamos en sus manos todo, TODO. Y fiémonos de Él. 

Sólo en Jesús podemos ser interiormente fuertes. 

Sólo en Jesús podemos ser iluminados en nuestras decisiones.

Sólo en Jesús podemos superar los sufrimientos y dificultades.

¡Porque Él pasó por lo mismo! ¡Y lo superó! 

Unámonos a Él y enseñemos a nuestros niños a unirse a Él. 

Dejémonos amar por Jesús y enseñemos a nuestros hijos a dejarse amar por Él.

Sólo así recuperaremos la fuerza y la esperanza y nuestras oraciones, que habrán dejado de ser "interesadas", serán escuchadas.

Hoy os dejo el salmo 26 cantado por Athenas. Sintamos con el salmista que el Señor es nuestra luz y salvación, que está con nosotros y que estamos en Él.


EL SEÑOR ES MI LUZ Y MI SALVACIÓN, ¿A QUIÉN VOY A TENERLE MIEDO? EL SEÑOR ES LA DEFENSA DE MI VIDA, ¿QUIÉN PODRÁ HACERME TEMBLAR?

OYE, SEÑOR, MI VOZ Y MIS CLAMORES EL CORAZÓN ME DICE QUE TE BUSQUE Y TENME COMPASIÓN. Y BUSCÁNDOTE ESTOY. NO RECHACES CON CÓLERA A TU SIERVO, TÚ ERES MI ÚNICO AUXILIO; NO ME ABANDONES NI ME DEJES SOLO, DIOS Y SALVADOR MÍO. LA BONDAD DEL SEÑOR ESPERO VER EN ESTA MISMA VIDA. ARMATE DE VALOR Y FORTALEZA Y EN EL SEÑOR CONFÍA.

Apoyémonos en Dios y vivamos con Él. Ahí está nuestra esperanza y confianza.


miércoles, 9 de febrero de 2022

GENTE DEL "PORLA"

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Hola a todos:

Últimamente varias circunstancias vividas con los niños cuando van a la iglesia o a misa, me ha hecho recordar y meditar en lo que, de pequeños llamábamos el "Porla".

Bueno, de pequeños los que pasamos ya de los cincuenta, no creo que a los menores de esa edad les suene.

Para ellos me explico:

El llamado "Porla" por nosotros era el signo que hacemos los católicos cuando el sacerdote comienza a leer el evangelio en misa. Oficialmente se llama "Persignarse", traducción del latín del gesto que decía "Per signum crucis" en latín, que traducido al castellano sería "Por la señal de la cruz", más breve "Por la señal", y para nosotros los niños de aquella época el "Porla".

Bien. 

El "Porla" consiste en hacer tres cruces diciendo:

"Por la señal de la santa cruz

de nuestros enemigos

líbranos, Señor".

La primera cruz se hace en la frente con la primera frase: "Por la señal de la santa cruz".

La segunda se hace en la boca diciendo la segunda: "de nuestros enemigos".

Y, por último, la tercera se hace en el pecho terminando la oración: "líbranos, Señor".

Y, después hay quién se santigua, como conocemos: "En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo".

El caso es que, hablando de estas cosas con las mujeres que se preparan para la confirmación, les pregunté si sabían lo que se decía y por qué; así que se lo expliqué tal y como recuerdo de memoria desde mi infancia.

La primera en la frente para que nos libre de los malos pensamientos.

La segunda en la boca para que nos libre de las malas palabras y...

La tercera en el pecho para que nos libre de los malos deseos y acciones.

Qué oración tan sencilla, tan bella y tan olvidada. ¡Qué pena!

Por otra parte, comentando con otro grupo de personas, en este caso profesores y maestros, hablábamos de cómo se puede echar de menos comenzar la mañana con una oración, aunque la hagas más tarde; como nos ha ocurrido con las clases que, a primera hora a causa del COVID y las consiguientes medidas de seguridad que obligan a un protocolo que deja las primeras horas convertidas en medias, nos ha obligado a dejar la oración de la mañana relegada a la entrada después del recreo.

Nos planteábamos que es raro no empezar la mañana encomendando el día al Señor, porque no se podían perder otros cinco o diez minutos más.

En el diálogo terminamos dándonos cuenta de que ya no es sólo que la oración de la mañana sea más o menos larga, más o menos profunda, dedicándole más o menos tiempo; que la cuestión es hacerse una pregunta como cristianos: 

¿De qué forma afronto mi tarea diaria?, ¿dónde pongo a Dios?, ¿cuántas veces le recuerdo a lo largo del día?

O también, como con el "Porla": ¿pido ayuda a Dios para no sólo no caer, sino para que me acompañe y me ayude en cada cosa que hago?

Decimos que somos cristianos, pero ¿en qué lugar hemos puesto a Dios?

¿Lo hemos dejado relegado a la misa de los domingos?, o ¿ni siquiera a eso?

Con los profesores y maestros, comentaba que es muy, pero que muy sencillo, llegar a clase y hacer la señal de la cruz. A lo mejor al principio la hago yo sola, o a lo mejor me acompañan los niños. Y es muy cortito hacer la señal de la cruz y después decir algo así como "Acompáñame (acompáñanos), Señor en esta clase, en este trabajo que voy (vamos) a hacer ahora".

Me hizo gracia que uno, sólo uno, (ya rondando esos cincuenta que dije al principio) recordó que cuando él era pequeño, eso se hacía. Que todos se ponían de pie y hacían la señal de la cruz al empezar las clases en su colegio.



Y, es que nos creemos que como tenemos mucho que hacer (a mí también me pasa) no podemos dejar esas cosas para rezar, aunque sea algo tan breve como santiguarse y pedir al Señor que nos mande su Espíritu que nos ayude.

Después de todo esto, llegó el quinto domingo del tiempo ordinario, en el ciclo C en que estamos. 

Y en el evangelio leímos la primera pesca milagrosa que narran los evangelios. No sé si lo recordáis...

Jesús llega por la mañana a la orilla del lago y los pescadores están lavando las redes después de toda una noche trabajando sin resultado ninguno. Están cansados, mejor dicho: reventados, física y mentalmente. Ese día no tendrán nada que llevar a casa. También están deseando poder echarse un rato y descansar.

Pero Jesús le dice a Simón (que aún no era Pedro), que separe un poco la barca de la orilla porque quiere predicar y que todos puedan verlo y oírlo. 

Ya se había juntado mucha gente en la orilla al enterarse de que Jesús andaba por allí.

Y el cansado Simón y su hermano separan la barca y dejan que Jesús predique. Y, cuando piensan que ya ha acabado y que pueden volver a casa a descansar, resulta que les dice que vuelvan lago adentro y echen de nuevo las redes al agua.

¡Madre mía! ¿¡Otra vez!? -debieron pensar Simón y su hermano- ¿¡Pero si nos hemos pasado la noche entera y no hemos conseguido nada!?

Simón, ya casi Pedro, le dice lo que piensan, pero luego añade:

- Bueno, de todos modos, "POR TU PALABRA" echaré las redes.

Y tuvieron que llamar a los de la otra barca, porque no podían con los peces, y se llenaron las dos barcas.

"Por tu palabra", en tu nombre, "Porla"...

¿Cuántas veces trabajamos para nada?, ¿cuántas horas nos pasamos en la tienda, en el ordenador, en el puesto de trabajo, hablando con nuestros hijos, amigos, alumnos, intentando que comprendan algo, o con nuestros conyuges intentando decidir (discernir), sin llegar a ninguna conclusión, sin lograr ningún objetivo o tan sólo pequeñas cosas que apenas nos sirven?

Preguntémonos cuál es la razón.

¿No será que hemos dejado de situarnos al lado de Dios?, ¿que ya no hacemos las cosas "por su palabra"?, ¿qué hemos olvidado que toda la sabiduría, la capacidad de trabajo y de discernimiento están en Dios, en su Espíritu?

Hay una tradición en la Congregación, que comenzaron nuestros padres fundadores, que es comenzar todas las reuniones con una oración. Una oración que es más o menos larga, más o menos libre, pero que nos recuerda que sólo Él es quien puede orientarnos, ayudarnos a discernir y acompañarnos para que nuestro trabajo dé su fruto.

El P. Tejero, en una ocasión, le escribió a M. Dolores:

Nosotros somos los débiles instrumentos que Dios ha elegido para  su Santa obra, y solo quiere que hagamos lo que está de nuestra parte y lo demás dejémoslo a su paternal cuidado.

Pero, creo que muchas veces nos creemos que nuestro trabajo y nuestras obras y diálogos son nuestros, y que sólo nosotros estamos a cargo de nuestras vidas, de nuestras obras y de quienes dependen de nosotros.

¡Qué errados estamos! ¡Qué equivocación tan grande!

¿Quién es el más interesado en que todo termine bien, para nosotros y para los que nos rodean?, ¿quién es el que más nos quiere, el que más se preocupa por nosotros?

Entonces...

¿Por qué le apartamos de esa manera de nuestras vidas?

¡Dejemos a Dios entrar en nuestras vidas!

¡Hagamos las cosas "Porla"! (Por la señal de la santa cruz)

¡Abramos las puertas a la luz, a la sabiduría, al discernimiento y a la fuerza del Espíritu Santo de Dios!

Entonces experimentaremos (os lo puedo prometer) que, cuando hacemos oración antes de comenzar nuestra tarea, algo cambia: vemos más claras las cosas, nos vienen a los labios las palabras convenientes, cunde más nuestro trabajo y nos sentimos mejor; porque, además, como habremos puesto el resultado en sus manos, viviremos menos estresados y con más paz, lo que repercutirá también en nuestras relaciones familiares, en nuestras amistades y, de rebote, en el mundo.

Hoy os invito a meditar, o mejor, a dejaros llevar por esta canción de Salomé Arricibita llamada "Padre, Hijo y Espíritu". 


 
En el Nombre del Padre, aprender a esperar
en el Nombre del Padre, perdonar y sanar
en el Nombre del Padre, celebrar y abrazar
en el Nombre del Padre, ofrecer un hogar

En el Nombre del Hijo, vivir para amar
en el Nombre del Hijo, amar sin mirar
en el Nombre del Hijo, mirar sin juzgar
en el Nombre del Hijo, sembrar siempre paz

EN EL NOMBRE DEL PADRE, EN EL NOMBRE DEL HIJO
QUE EL ESPÍRITU SOPLE PARA ESTAR SIEMPRE VIVOS
EN EL NOMBRE DEL PADRE, EN EL NOMBRE DEL HIJO
QUE EL ESPÍRITU SOPLE PARA VIVIR UNIDOS

Que el Espíritu sople y renueve cada alma
que el Espíritu sople y abramos las alas
que el Espíritu sople y nos puedan las ganas
de dejar que entre dentro y ventile la casa

EN EL NOMBRE DEL PADRE...

Seamos personas del "Porla"; dejemos a Dios acompañarnos y unámonos fuertemente a Él en todo momento.

Un abrazo en Él.

lunes, 27 de diciembre de 2021

NAVIDAD

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Hola a todos.

El otro día, viendo los anuncios de la tele, sentí mucha pena. Se habla de Navidad pero no del nacimiento de Jesús, no de Dios. 

Por Navidad hay que hacer bien las cosas, y todo tiene que tener mucha luz, pero lo que nos convence para ir a casa de alguien es que nos den cupones para sorteos; los niños ahora resulta que son "elfos", porque hacen magia, pero no porque hagan cosas buenas o visiten al Niño en el portal, sino porque sus padres eran elfos el año pasado y les regalaban cosas, y este año parece que les toca a ellos. 

La Navidad, según la tele es recibir muchos, pero que muchos regalos; y también hacerlos. Y, si ya no sabes qué regalar, pues una colonia, que por anuncios no será. 

Por otro lado, están los que viven con miedo (bueno, lo dicen con otra palabra que no voy a repetir ahora), y los que están dispuestos a pasar de todo y nos dicen no nos importen los contagios ni nada, sino sólo volver a lo que había antes. Y el número de contagiados creciendo, y los políticos sin ponerse de acuerdo, que parece que nunca vamos a saber qué hacer, ni qué es bueno ni qué malo.

Además, es gracioso, pero este año la Navidad empezó en octubre, incluso antes del Adviento. Lo importante es divertirse y pasárselo bien. Incluso si hay que hacerlo antes de tiempo. 

Las reuniones familiares son para cumplir un guión; un guión que lleva años y años siendo el mismo, por lo que dicen, pero que ha perdido su sentido y hay que cambiar, porque ya no vale, ahora dicen que hay que ser espontáneos, como si muchas veces el problema no fuera que somos tan espontáneos que perdemos el respeto. Pero al final, ese problema de las reuniones nos ha dejado sin tests Covid, y a muchos sin reunirse por haberse contagiado. 

La verdad: es un lío de Navidad. 

La buena Navidad es, según nos dicen subliminarmente, la Americana, imagino que será porque, como no dicen Navidad, sino Christmas...

Y, como los Reyes Magos resulta que sólo vienen a España..., pues ahora hay que cambiarse a Santa Claus, imagino que para darle más trabajo, porque es el que visita más países.

Después de varios días meditando sobre esto, el pasado fin de semana por la tarde llegué a la capilla diciendo: ¡Vaya!, ¡Señor!, le están quitando el sentido a la Navidad para que nuestros niños no lleguen a reconocerla. 

Estaba realmente preocupada, de verdad. 

Pero mirando al Señor en la Custodia que reserva el Cuerpo de Jesús, volví la mirada al Portal de Belén, y parece que el Señor me decía: ¿Te preocupas porque haya muchos que no creen en mí?, mira cómo nací, ¿cuántos se enteraron de mi nacimiento?, sólo los pastores. Y mira que incluso hubo señales en el cielo que las vieron hasta en la corte de Herodes. Pero sólo unos cuantos se enteraron y vinieron a verme. Y allí estaba yo: el Dios que había creado el cielo, el Dios que había hecho habitable la tierra para seres que fueran semejantes a mí, para amarles y permitirles unirse a mí. 



Parecía que el Señor me quería dar a entender que Él ya sabe que siempre van a ser pocos los que se enteren de su mensaje, de los deseos de Dios. 

Después, en la misa del Gallo (o del pollito, pues fue a las siete y media de la tarde), vi que aún hay quien acude a celebrar la Navidad con Jesús.

Nuestra congregación y familia Filipense Hijas de María Dolorosa es una familia pequeñísima dentro de la Iglesia, y podemos hacer muy poquito en nuestro apostolado. Pero, sin aceptar esta llamada de Dios a la humildad, el otro día yo quería levantar la voz por encima de las televisiones y gritar: ¡Que no os enteráis!, ¡que no es así!, ¡que los niños no son elfos!, que son niños inocentes, pequeños pastores que pueden descubrir al Señor en el portal y adorarlo; ¡que las fiestas de Navidad son para ir a ver a Jesús y dejarle entrar en nuestro corazón! 

Que es por Jesús, Dios hecho débil Niños, por lo que nos reunimos. Para adorarle juntos en un Belén, porque Jesús no se subió a un árbol para nacer (aunque imagino que se subiría algunos años después, como todos los niños hemos hecho alguna vez); sino que nació pobre, fuera de la ciudad, como tantos emigrantes a los que ahora no dejamos pasar, ni a nuestras casas, ni siquiera a nuestras televisiones, para que no puedan entrar en nuestros corazones y les dejemos sitio, como han hecho tantas familias polacas con las luces verdes en sus ventanas.

Sabíamos que la pandemia cambiaría el mundo; y, de hecho, lo ha cambiado. Pero no dejemos que cambie nuestros corazones, no dejemos que nos vuelva ciegos a las señales de Dios. 

Cuando desde las instituciones no se promueve la fe, las familias cristianas cobran un papel más importante. 

¡Dios hace su labor!

Creo en Dios, luego me fío de lo que hace y de lo que permite. Él sólo sabe todo, y es el más interesado en que la historia de la Salvación termine bien. Y, si aún no está bien, es porque aún no ha terminado.

El día 26 celebrábamos el día de la Sagrada familia, y recordaba entonces cómo en todos los tiempos de persecución de la Iglesia, -o sea en todos los tiempos, porque la Iglesia siempre ha sido perseguida por unos o por otros en todo el mundo-, han sido las familias cristianas las que han mantenido la fe. Han sido los matrimonios cristianos (muchos o pocos) y los creyentes (muchos o pocos) los que han ido dando testimonio auténtico de lo que es ser cristiano, como decía el catecismo: "Ser discípulo de Cristo".

Han dado testimonio ante sus hijos, han dado testimonio ante las autoridades, han dado testimonio ante sus vecinos increyentes. Y, poco a poco, han conseguido con sus vidas y hasta con su sangre en muchos casos, que la presencia del Reino de Dios, que comenzó en un pobre portal con dos creyentes (María y José), haya ido creciendo, como la semilla de mostaza, en el mundo. 

¿Que no todos son creyentes? Yo sí.

¿Que quieren que los niños sean elfos y no pastores? Yo no.

¿Que quieren que la Navidad sean sólo regalos y luces? Yo quiero, y eso enseño a mis hijos, o a mis vecinos, o a mis compañeros, etc., que sea amor, generosidad y paz.

¿Que no saben que Navidad significa Natividad, nacimiento; y que lo que no sólo recordamos, sino revivimos cada año es el nacimiento de Dios como ser humano? Yo sí lo sé, y no voy a celebrar las luces o los regalos, voy a adorar al Niño que es Dios, que cada año renueva su nacimiento para salvarnos, para unirse completamente con nosotros.

Y, para adorar a Jesús necesito poca cosa: preparar mi corazón y abrirlo a su llegada. Dejarle entrar en la celebración eucarística y unirme directamente con Él. 

¡¡¡Habrá algo más grande!!!

¡¡¡Unirme completa y directamente con Dios!!!, verle en un niño recién nacido y agradecerle su generosidad, su amor por mí y por todos. 

¡¡¡Dejarme amar por Dios!!!

Eso hará que esta Navidad, aunque hayamos tenido cena o no la hayamos tenido, aunque recibamos visitas o no las recibamos, aunque nos hagan regalos o no nos los hagan, sintamos la alegría del Nacimiento de Dios en nuestros corazones.

Eso nos hará más capaces de amar a quienes no piensan como nosotros, a quienes aún no han reconocido a Dios en el Niño de Belén, a quienes tienen tristes y amargados sus corazones porque todavía no saben todo lo que Dios les ama.

Eso nos hará más capaces de vivir la alegría de las luces, dando gracias a Dios porque están encendidas cuando Él nace como pequeño niño en oscuro portal.

Más abiertos a la felicidad que contagia la Natividad y a repartirla.

Con elfos o sin elfos, Dios nace.

¡Demos gracias a Dios!

Hoy os dejo el villancico llamado "En los brazos de un carpintero", que este año han hecho en el colegio Tajamar, con la colaboración del colegio de Educación Especial Cambrils y del grupo Los Secretos. Espero que lo disfrutéis.


 ¡Dios nace un año más!

¡Muy feliz Navidad a todos!


miércoles, 24 de noviembre de 2021

FELICIDAD

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Hola a todos.

No recuerdo con quién hablaba el otro día que me preguntó dónde está la felicidad, pues yo le decía que la felicidad no depende de que no haya sufrimiento. Eso, que parece tan difícil hoy, cuando la pandemia y todo el problema económico que nos ha dejado, ha provocado que salten las alarmas ante el enorme incremento de problemas mentales, de depresiones y suicidios, así como de agresiones violentas que está habiendo.

Sin entrar a analizar, pues no me corresponde ni estoy preparada para ello, cuáles son las razones y dónde está el origen, sí quisiera compartir con vosotros sobre el tema de la felicidad desde el punto de vista Filipense.

Cuando hablé con esta persona, le contesté que la felicidad está en sentirse amado; pero cuando terminó la conversación, como siempre, mi cabeza se quedó dándole vueltas al tema, llegando a la conclusión de que me había faltado una cosa: ese sentimiento de saber que en el lugar del mundo en el que Dios te ha puesto es el lugar donde puedes realizarte y ser una persona completa.

Y, es que la felicidad no depende -lo digo por propia experiencia y por muchos testimonios conocidos- de tener todo lo que deseas, ni de estar completamente sano, ni de que quienes quieres estén sanos, ni siquiera de tener eso tan valorado hoy en día como es el ser apreciado y el poder de influir en los demás.

Durante los últimos años estamos comprobando cómo la satisfacción instantánea de los deseos sólo provoca ansiedad y más deseos, que conllevan más insatisfacción en un círculo vicioso como el que pudimos ver en la película de "Prefiero paraíso" de San Felipe Neri.

No sé si lo recordaréis, es en la segunda parte de la película, están todos los jóvenes reunidos con san Felipe; y Aurelio, el sobrino del Papa, dice que va a seguir la carrera eclesiástica y pronto será obispo. Felipe le pregunta: ¿Y después? varias veces, hasta que ya no puede ser más que Papa, y cuando llegan ahí, Felipe le vuelve a decir, ¿Y después? Como Aurelio no le contesta, Felipe le dice: ¿Después Papa? Él dice un dubitativo "Tal vez sí..." Entonces Felipe sigue insistiendo... ¿Y después?, y ¿después? Aurelio se ve obligado a decir: "¡Y después nada!, Felipe, mi vida terminará."

Algo así es lo que nos pasa hoy (como ha pasado siempre), deseamos más, y satisfacemos también los deseos más pequeños de nuestros hijos. Incluso llegamos a endeudarnos por alcanzar cosas, y siempre hay un "después" que surge: Un antojo, un traje, un coche, otro coche, una casa, otra casa, un chalé, una super-casa en una urbanización, el mejor ordenador, el móvil que tiene siete cámaras, la xbox más moderna, ...y así podríamos seguir convirtiendo el ansia de infinito del ser humano en un anhelo nunca satisfecho con las ofertas de este mundo globalizado y consumista.

Por otra parte están los que nos dicen qué tenemos que hacer para conseguir la felicidad, en esas frases filo-psicológicas gratuitas que podemos ver por las redes sociales: que si la familia es importante pero yo soy más, que si hay que quererse tanto a uno mismo que la felicidad empieza por mí; que si a partir de hoy me voy a querer un poco más, que si voy a mirar a quienes miran bien y no a quienes miran mal, que si todo lo que yo quiera lo voy a conseguir...

Nos bombardean con mensajes que dicen que si los cumplimos vamos a ser más felices. 

Por un lado los mensajes del "tener" y por otro los mensajes del "yoísmo".

Y, por desgracia, ni el tener ni el "yoísmo" traen la felicidad.

Pero Dios nos ha hecho para ser felices.

¿Entonces?, ¿por qué nos cuesta tanto descubrir la felicidad?

Creo que es precisamente por eso. La felicidad hay que descubrirla, no es sólo un deseos que se pueda satisfacer, ni un "aquí estoy yo" que me haga sentir más digno, o  más importante, o más seguro.

La posibilidad de ser felices nos la da Dios a TODOS.  El problema radica en ser capaces de descubrir y aceptar que somos seres frágiles, en todos los sentidos: físicamente podemos enfermar, económicamente podemos perder, familiarmente vamos a pasar por momentos difíciles, y así un largo etcétera que terminaría por que personalmente no somos -ni podemos ser- perfectos.

Dice M. Dolores en una carta a una de las religiosas:

"Sabes cuanto y cuan bien te quiero creo que comprenderás por esto que la principal felicidad que apetezco para ti y que pediré el domingo a Nuestra dulce Madre, es que sea una gran Santa."

¡Ahí está la verdadera felicidad!, en ser santos.

Y me diréis: ¿Cómo vamos a ser santos tal como están las cosas? Ser santos es sufrimiento, es sacrificio, es incomodidad, es lo contrario a lo que concebimos como felicidad.

Entonces tendré que deciros que estáis equivocados: que ser santos no consiste en ganar campeonatos de sufrimiento, ni en "ser el tonto" que lo hace todo, ni en ser perfecto, ni en no equivocarse. ¡No, señor!

Ser santos, ser felices, consiste en descubrir en nuestra propia vida el amor de Dios, la presencia de Dios en nuestras almas. 




Dios siempre está ahí, en nuestra alma, esos veintiún gramos de los que ya hemos hablado en alguna ocasión y que van a ser lo único que quede de nosotros tras la muerte. 

Si recordáis la parábola del hijo pródigo, el hijo mayor, envidioso de su hermano, habla con su padre sobre fiestas merecidas y comportamiento perfecto. Y el padre le corrige: lo importante no es si has sido perfecto o no, lo importante es que "tú siempre estás conmigo".

Estar con Dios.

Descubrir a Dios dentro de nosotros y no separarnos nunca de Él.

Dios es el único que llena los huecos que deja la vida, las dificultades, las incomprensiones, las equivocaciones, las decepciones, la fragilidad.

Dios es lo único infinito, lo único con potencia suficiente para llenar plenamente y satisfacer a la persona, para darnos la felicidad.

Y si tenemos a Dios, seremos felices. Aunque haya penalidades, aunque el dolor, la enfermedad, la tribulación, la tentación, la soledad y todo lo que llamamos "malo" nos rodeen. 

Descubrir que nada ni nadie nos puede separar del amor de Dios es la felicidad. Porque, cuando descubres que tienes LO IMPORTANTE, lo demás va perdiendo, poco a poco, importancia. Porque, cuando sabes que cuentas con Dios siempre, tu debilidad se fortalece en Él, y las debilidades de los demás se comprenden desde Él. 

Por eso no somos felices. Porque buscamos la felicidad, como diría la Biblia, en dioses de oro y plata, de metal y de barro. Yo añadiría de papel moneda y de "likes". Dioses que no pueden salvar.

Entremos en nuestras almas y descubramos a Dios allí. Y pidámosle, como en la comunión espiritual: "No permitas que jamás me separe de ti".

Entonces seremos santos. Entonces seremos felices. 

Hoy os dejo la canción "¿Quién nos separará?" de Rogelio Cabado, con el texto del apóstol San Pablo en su carta a los Romanos capítulo 8.



Seamos santos, o sea, permanezcamos con Dios, seremos felices. 









jueves, 10 de junio de 2021

INSEGUROS

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 Vivimos un mundo sujeto a cambios vertiginosos.

La inseguridad nos rodea. Lo que ahora es, dentro de dos horas cambia. La tranquilidad con que, hace poco más de un año, contemplábamos nuestras vidas y el mundo, ha desaparecido. Nos resulta difícil, si no imposible, hacer planes a largo plazo.

Nos encontramos cansados, inquietos, temerosos en muchos casos y muy preocupados cuando la situación nos ha llegado a afectar en nuestro trabajo, medio de vida, salud, familia...

La ansiedad, la depresión y la tristeza se han colado en nuestras vidas.

¿Cómo es posible que un simple virus nos haya afectado tanto?

Pero estoy convencida de que, si nos ponemos a pensar, no se trata sólo del virus. Si fuera sólo eso, la llegada de las vacunas y su distribución, habrían calmado las cosas. 

Es algo más profundo, más doloroso y que está afectando, no sólo en nuestro país, sino en todo el mundo, a la estructura misma de la sociedad globalizada.

Hace ya más de cuarenta años, tuve una conversación con mi padre en la que él decía que estaba comenzando un cambio de Era. 

Según el diccionario de la Real Academia, "Era" es un extenso período histórico caracterizado por una gran innovación en las formas de vida y de cultura.

Me explicaba que el paso de una Era a la siguiente no era rápido, sino que duraba entre cincuenta y cien años, así que estábamos en el surgir de nuevas formas de vida y cambios en las costumbres.

Imagino que los historiadores nos sabrían decir más cosas analizando la decadencia de las distintas culturas que han sido predominantes en la historia de la humanidad, y que comparten una serie de características, así como la disolución de los límites de lo aceptado socialmente y la, por desgracia, normalización de la violencia en todos los aspectos de la vida.

Estos cambios se están dando en nuestra sociedad, y de forma más acelerada desde el comienzo de la pandemia del Covid-19, que lleva tiempo diciéndose ha podido ser provocada deliberadamente para intervenir en el juego global de poderes dominantes.

Pero el cambio ya había comenzado antes, mucho antes. Al menos hace cuarenta y cinco años. Un cambio que ha venido con adelantos en las máquinas, en las comunicaciones, en la medicina, etc. y que nos ha hecho (como a todos los pueblos de la historia), creernos poderosos, superiores a la naturaleza que habíamos empezado a controlar; y que ha tenido como consecuencia que olvidáramos nuestra fragilidad, nuestra condición de criaturas.

Inseguridad es una de las palabras más utilizadas últimamente, incluso en la predicción meteorológica. Una inseguridad que invade todos los aspectos de la vida personal, familiar, social y política; una inseguridad que, en muchos casos, se convierte en temor. 

Y es que no estábamos acostumbrados a temer. 


Pero, ante la inseguridad, ante los cambios, ante el temor, también vivieron nuestros Fundadores: 

Madre Dolores supo lo que era la pérdida de la fortuna por causas políticas y por causas físicas: lo vivió en el exilio y la enfermedad y muerte de sus padres; lo vivió cuando la revolución le hizo sentir cómo cruzaban las balas por encima de su cabeza...

El Padre Tejero también experimentó pérdidas importantes desde muy temprana edad: su madre muere cuando tiene tres años, su padre lo manda con su tío al otro "extremo del mundo" (más de veinte días de viaje). Después vivió el exilio y la enfermedad hasta sentir muy próxima la muerte...

Pero ellos tenían su fe arraigada sobre roca. Estaban anclados en Dios. Confiaban en el amor incondicional de Dios, y en Él ponían sus esperanzas, pasara lo que pasase.

Eso les permitió vivir los avatares de la vida con paz, con una paz que sobrepasa todo temor. Porque habían llegado a la conclusión de que nada es tan importante como estar anclados en Dios, a quien sentían que pertenecían y por quién se sabían protegidos, sobre todo en esos 21 gramos que van a abandonarnos en el momento de la muerte y que van a ser lo único que quede de nosotros.

El alma, esos 21 gramos que dicen los científicos que abandonan el cuerpo a la hora de la muerte, es lo que hay que cuidar, por lo que hay que preocuparse.

Y eso está en manos de Dios. 

Madre Dolores y el Padre Tejero lo tenían claro: "Estamos en manos de Dios". 

Y, como diría san Pablo: "Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?... En todo esto vencemos por aquel que nos ha amado".

Creo que son suficientemente claras las palabras de san Pablo: "En todo vencemos por aquel que nos ha amado."

El problema hoy sería saber si alguien se siente en manos de Dios.


Decimos que estamos en manos del gobierno de turno, o de las multinacionales, o de las empresas farmacéuticas, de las eléctricas, del Covid... pero nos olvidamos de Dios. 

Y, si nos sintiéramos realmente en manos de Dios, nos importaría poco estar en manos de quién fuera;  aunque fuese nuestro peor enemigo, aunque sufriéramos hambre, enfermedad, desnudez, peligro, espada, nos importaría poco realmente, pues sentiríamos siempre a Dios con nosotros, y tendríamos su consuelo, su fortaleza, su luz, su sabiduría y todos sus dones para mirar de frente la vida y saber que este mundo pasa, que sólo Él permanece y que sólo en Él permanecemos nosotros.

Arraiguemos nuestras almas en Dios. Hablemos con Él con confianza. Meditemos en su grandeza y en el infinito amor con que nos mira a pesar de nuestra pequeñez, a pesar de ser menos que pequeños puntitos en el inmenso universo.

Vivamos desde el espíritu, dejemos que el Espíritu Santo nos invada, oremos, leamos la Palabra, acudamos confiadamente a los sacramentos. Recuperemos la vida espiritual y, poco a poco, la paz, la confianza y la tranquilidad irán llenándonos, quitando sitio a la angustia, a las tensiones y el miedo.

Dediquemos a Dios al menos el mismo tiempo que dedicamos a ver o leer noticias, a las redes sociales, a las series; y veremos cómo nuestra visión del mundo se hace más clara, más optimista, porque sabremos que al final, la última palabra la tendrá Dios.

Hoy os invito a escuchar una canción del grupo Cordobés IXCIS, que se titula "Arraigados en ti". Dejaos llevar por ella.


Arraigados en ti,
edificados en ti, Señor,
firmes en la fe. 

Si vamos contigo
nada hay que temer.

Tú mi agua,
Tú mi Dios.
Tú mi roca.
Tú: ¡Señor!

No lo dudéis, a medida que aumentéis vuestro tiempo con Dios disminuirá vuestra preocupación y la inseguridad os irá dejando. Porque ya lo decía Jesús cuando saludaba:

¡Paz a vosotros! ¡No temáis!

Y así me quiero despedir yo también:

¡Paz a todos!, ¡no temamos!

miércoles, 6 de mayo de 2020

DIOS NOS HA VISITADO

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Hola a todos.

Cuando el mundo está, cuando menos, asustado por la pandemia que nos ataca y que, de hecho, ha invadido nuestras ciudades con su dolor y su muerte, quiero recordaros las palabras de nuestra fundadora, Madre Dolores, en una de las múltiples epidemias que asolaron nuestro país en el siglo XIX.

El doce de septiembre de 1879, en carta a Madre Salud felicitándola por su onomástica, Madre Dolores le pide sus oraciones, porque, en palabras suyas: "Dios nos ha visitado poniéndonos una virolenta". También le cuenta las medidas de aislamiento que han tomado, poniendo para su servicio a una religiosa y a una de las "Hijas de la Casa", las acogidas que más tiempo llevaban en la Casa.

También eleva una oración para que se quede sólo en esa joven y no se contagie a las demás.

Medidas higiénicas y de seguridad que actualmente estamos tomando para frenar la expansión del coronavirus por nuestra tierra.

Medidas que no son fáciles de cumplir, y que a la mayoría nos confinan en casa, o nos llevan a trabajar con el miedo en el cuerpo; o al menos con la preocupación de lo que supondría poder contagiar a nuestras personas más queridas.

Hay muchos predicadores de calamidades que se dedican a decir que nos ha venido el coronavirus como un castigo por lo mal que estábamos haciéndolo con la naturaleza, porque Dios nos castiga por aprobar leyes de aborto, etc.


Pero nuestra fundadora nos pide que lo veamos como "una visita de Dios".

Los cristianos estamos llamados a reconocer a Dios en los avatares de la vida, a no preocuparnos por el mañana, porque ya vivamos, ya muramos, estamos en las manos de Dios que nos ama tanto que entregó a su Hijo único por nuestra salvación.

Así pues, veamos esta epidemia como una visita que Dios nos hace. Preguntémonos qué aspectos de nuestra persona estamos invitados a mejorar en este tiempo de cuarentena. Dejémonos visitar por Dios, porque Él está con nosotros desde los gritos de los niños que quieren salir más de lo permitido, o juegan y gritan cuando lo que necesitamos es silencio, hasta en la soledad de los que se encuentran aislados en los hospitales o en sus casas.

Hablemos con Dios, recibámosle en el ruido o en el silencio; dejemos que nos acompañe, que nos fortalezca en estos momentos difíciles. Pensemos que, lo mismo que le gustaba bajar al Jardín del Edén para pasear y charlar al atardecer con Adán y Eva, le gusta venir a nuestro lado para charlar con nosotros. 

Aprovechemos la visita de Dios y disfrutemos de su compañía. Haciendo lo que tenemos que hacer, sí, pero haciéndolo en su compañía.

No acudamos sólo a Él para que no nos contagiemos nosotros o nuestros familiares. No acudamos a Él sólo para pedir o dar gracias. No, no perdamos la ocasión.

Dios ha venido a visitarnos durante la epidemia de coronavirus. Disfrutemos de su compañía, hablemos con Él y escuchémosle.

O simplemente paseemos con Él en silencio, disfrutando de su compañía, dejándonos amar por Él.

Hoy os dejo una canción de Mª Ángeles Ruiz titulada Mi Cruz, y en la que podemos ver reflejada la visita que Dios nos hace.


Gracias Señor por mi cruz de cada día, porque así sigo tus pasos en dolor y en alegría
Gracias porque sufro y a veces me siento nada y tu fuerza en mis caídas me levanta y me salva.
Gracias porque veo en mi miseria tu mirada que me abraza y me recrea y hace nueva mi alma
Gracias porque puedo dar sentido al dolor y sé que tú estas dando fuerza al corazón.

Si no fuera por esas cosas, qué te iba yo a ofrecer, cómo te iba a hacer sentir lo que te llego a querer
Si no fuera por esas cosas, cómo podría yo mirarte en la cruz y desear ser como Tú.
Si no fuera por mis penas, cómo iba a comprender al que sufre y desespera anhelando amanecer.
Si no fuera por mis caídas, cómo iba a sentir que tu cruz da nueva vida y vuelvo a ser yo misma ante ti.

Mucho ánimo a todos en estos tiempos difíciles, y no olvidemos orar por los que en países más pobres comienzan a sufrir ya los efectos de esta pandemia que está atacando a ricos y pobres sin distinción.
Enviemos nuestras oraciones a los menos favorecidos, y hablemos de ellos con Dios, que nos visita.


viernes, 6 de diciembre de 2019

¿ENFADARSE O HACER ALGO?

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Estamos en Adviento, un tiempo que para nosotros, que creemos en Jesús, significa Esperanza.

La venida de Cristo nos trae la esperanza. El Dios infinito, el creador de todo el universo, el que preparó admirablemente la tierra para que la habitara el ser humano, desciende en pequeñez y en humildad. Se encarna en el seno de una Virgen y aparece en el mundo en la bajeza y la modestia de un bebé.

Jesús cuyo nacimiento esperamos, nos enseña que el mal no tiene la última palabra, que la muerte no vencerá la última batalla, que hemos sido creados para la vida y para la Vida con mayúsculas.

Por eso, en un tiempo en que crecen los profetas de calamidades; en un tiempo en que parece que los hechos les dan la razón; en un tiempo en que el cambio climático nos demuestra que la naturaleza tiene sus leyes por encima de nuestra voluntad y en el que las noticias de revoluciones, de guerras, hambre, esclavitud, desigualdad etc. nos arrollan cada día y hacen que muchos piensen que se acerca el apocalípsis, el fin del mundo; nosotros debemos aferrarnos más a nuestra fe en el amor de Dios; en la palabra de Jesús, que dijo que, cuando viéramos todas estas cosas no nos encogiéramos de miedo, sino que nos levantáramos y alzáramos la cabeza, porque se acerca nuestra liberación.

Exactamente, las palabras evangélicas son:

Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Las leemos en el evangelio de Lucas capítulo 21 versículos 25 y siguientes.

En este texto Jesús es claro: por muy mal que vaya el mundo, los cristianos no podemos pensar que ya no hay nada que hacer. Hemos de levantarnos y alzar la cabeza. Hemos de mirar lo que nos rodea y hacer lo posible para hacer presente a Jesús

En estos días oímos que hay manifestaciones por el cambio climático; y personas que protestan y muestran su enfado con los políticos, exigiendo a los demás que "hagan"; mientras que otros, contemplando la situación reaccionan de manera "proactiva" (palabra moderna para decir que se buscan soluciones a los problemas).

Cuando tomamos conciencia de que estábamos tirando mucha basura, empezamos a reciclar y a cambiar el tipo de bolsas y envases para no contaminar.

Cuando un joven llamado Boyan Slat vio la cantidad de plásticos que estaban invadiendo los océanos, comenzó a investigar la manera de resolverlo, y ha inventado un artilugio que aprovecha las mareas para recoger y retirar los plásticos del océano.

En el siglo XIX, el Padre Tejero fue testigo de la situación de esclavitud de muchas jóvenes que caían en las redes de la prostitución. En principio buscó quien lo hiciera; pero no se quedó de brazos cruzados. Utilizó su imaginación para encontrar el método no sólo para acogerlas, sino también prepararlas para cuando salieran de la casa.

Padre Francisco García Tejero
Nuestra fundación tuvo su origen en la respuesta "proactiva" de nuestros fundadores a un problema de la sociedad de su tiempo. Madre Dolores y el Padre Tejero tuvieron los ojos bien abiertos y las manos dispuestas para responder; porque en el análisis de la situación que encontraron, vieron la voluntad de Dios. No agacharon la cabeza, la levantaron y comprendieron que se acercaba la liberación.

La liberación hoy depende de que nosotros seamos capaces de ver la realidad con los ojos abiertos y las manos dispuestas a descubrir qué es lo que Dios quiere de nosotros para responder a ella.

Porque no podemos bajar la cabeza y encogernos. Jesús nos lo dice: "Levantaos, alzad la cabeza, se acerca la liberación".

¿Qué parte me corresponde en el mundo actual?, ¿qué puedo hacer para, como dice el Papa Francisco, ayudar a que los migrantes se sientan acogidos?, ¿qué puedo hacer para que no tengan que emigrar?, ¿y para que disminuyan las emisiones de gases?, ¿qué puedo hacer por quien vive cerca de mí y está solo?, ¿qué puedo hacer por...?

A nosotros Dios no nos pide ser una Greta Thumberg, que va por el mundo regañando a los políticos; más bien nos pide parecernos en algo a Boyan Slat, que pongamos nuestra imaginación en funcionamiento para hacer de la tierra un lugar mejor. No es necesario que inventemos algo extraordinario; pero sí debemos descubrir qué podemos hacer para que el mundo sea más humano, sin agachar la cabeza, sin encogernos, haciendo el poquito que podemos sin pensar que es poco.

El mundo espera nuestra respuesta.
No es poco tratar bien al inmigrante que veo por la calle; no es poco reciclar y procurar no comprar lo que no necesito. No es poco hacer mi trabajo con honradez, aunque haya mucha corrupción a mi alrededor. No es poco, no.

Y, sobre todo, no es poco si rezamos por este mundo nuestro, si rezamos por aquellos a quienes Dios les ha dado la inteligencia y la imaginación para que desarrollen máquinas y artilugios que puedan mejorar la calidad del aire; por los que entregan sus vidas en la misión, en las misiones de paz, en los campos de refugiados.

Decía el Papa Francisco en el mes misionero de octubre que la misión se hace con los pies de los que van, con las rodillas de los que oran y con las manos de los que ayudan. Preguntémonos qué nos toca ser: ¿pies que van?, ¿rodillas que oran?, ¿manos que ayudan?

Y, por supuesto, no dejemos que los profetas de calamidades nos hagan agachar la cabeza, no dejemos que los momentos difíciles de la vida nos hagan dar razón a los que niegan la existencia de Dios. Porque si pasamos por dificultades, Jesús también pasó, si nos enfrentamos con la muerte (o con las pequeñas muertes de cada día), Jesús también se enfrentó; y nos dejó claro que tras la muerte, tras todas las muertes que podamos incorporar a su cruz, viene la resurrección; viene la vida.

Adviento nos habla de Vida, nos habla de Esperanza. Jesús vino y Jesús viene.

Hoy quiero compartir con vosotros la canción de Ain Karem titulada "Poneos en pie". Que invita a nuestras almas a ponerse en pie, a interpretar los signos de los tiempos y a prepararnos para la venida del Hijo del Hombre a la tierra.

Poneos en pie y alzad la cabeza
mirad que llega el hijo del hombre a la tierra 
y viene a habitar vuestro hogar
poneos en pie (poneos en pie) 
y encended la lámpara no os halle dormidas 
que arda vuestra llama

Velad y estad atentas 
leer los signos de los tiempos el reino de Dios...
está cerca
Poneos en pie y alzad la cabeza
mirad que llega el hijo del hombre a la tierra 
y viene a habitar vuestro hogar
poneos en pie (poneos en pie) 
y encended la lámpara no os halle dormidas
que arda vuestra llama

velad y estad alertas cuidad las luz de vuestra velas 
el hijo del hombre llama a la puerta.

Poneos en pie y alzad la cabeza
mirada que llega el hijo del hombre a la tierra 
y viene a habitar vuestro hogar
poneos en pie (poneos en pie) 
y encended la lámpara 
no os halle dormidas que arda vuestra llama.

Vivamos y sembremos un Adviento de esperanza a nuestro alrededor.

jueves, 3 de octubre de 2019

NO LLEVÉIS NADA

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Hola a todos.

Cuando Jesús envió a los doce a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, les dijo:

No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis una túnica de repuesto.

Yo siempre había interpretado literalmente estas palabras; y siempre que viajo, me acuerdo de ellas, porque siempre voy "cargadita" de cosas. Pero el otro día, meditándolas me di cuenta de que encierran una verdad más profunda, que llevo años perdiéndome:

Siempre he pensado que lo decía por lo material, porque debemos confiar en que Él proveerá lo necesario para el camino; pero es algo más.

Dice:

No llevéis bastón.

¿A qué se refiere? Bueno, el bastón es el punto de apoyo al caminar, y se usas cuando las piernas o las caderas te fallan, o cuando quieres caminar con seguridad. Yo creo que aquí se refiere a esto. No debemos apoyarme en nada que no sea Él.

¿Cuántas veces, en nuestras relaciones, usamos bastones?, ¿cuántas nos agarramos a lo que otros dicen o piensan?, ¿a lo que "los medios" aprueban o rechazan?, ¿cuántas fiamos nuestras relaciones en lo que otros nos dicen sobre tal o cual persona, sin darles la oportunidad de demostrarnos cómo realmente son? Y es que, cuando nos apoyamos en otros, que (como nosotros) tienen sólo una visión parcial de las cosas, nos estamos apoyando en la arena, y la roca sólo es el Señor.

Creo que eso nos pasa, al menos a mí, porque somos inseguros, y los bastones, cuando menos, nos dan una cierta seguridad.

Pero Jesús no quiere que llevemos bastones.

¿Sabéis?, el padre Tejero usaba bastón; pero sólo para andar; es muy sugerente cuando se leen sus escritos, sus sermones, etc. darse cuenta de cómo su punto de apoyo cuando tiene que aconsejar, o predicar siempre está en la Biblia. Y eso en un tiempo en que la Biblia estaba en latín, en que casi no se podía ni leer el Antiguo Testamento. Eso, los más mayores lo sabemos; en nuestra infancia solo teníamos acceso a unos libros que contaban historias de la Biblia. Pero él acudía constantemente a la Palabra de Dios, y siempre que hablaba lo hacía partiendo de las Escrituras.

También en el móvil podemos leer la Palabra de Dios (Fondo: Flor de Cristal -artículo de paginasamarillas.es)

¿Cuándo acudimos a la Palabra de Dios para apoyarnos en ella?, ¿cuándo nos atrevemos a utilizarla como criterio?

Jesús no se queda sólo en los "bastones", también habla de que no llevemos alforja. Si lo hubiera dicho hoy, habría dicho, "No llevéis mochila"; y más de uno le contestaríamos, ¿y dónde meto la batería de repuesto para el móvil?

Pero estoy segura de que no se refería a esa mochila; sino a la que cargamos en nuestra mente, en nuestro corazón con todas las experiencias del pasado; con las buenas y con las malas.

Las buenas nos hacen comparar la situación presente con aquella que fue tan rica para nosotros. Con esa comparación, el presente va a perder todo lo nuevo que nos aporta, y nos va a dejar siempre con esa sensación de "no es lo que yo esperaba", ¡claro!, porque estaba esperando la repetición de algo que he idealizado en mi mente; y así la vida va a ir perdiendo esa chispa de novedad que trae cada día.

Y las malas nos van a hacernos temer el presente (o el futuro inmediato) porque vamos a partir también de una situación irreal, en la que también hemos idealizado el mal casi como un ogro que "viene para comernos", como en los cuentos de los niños. Eso nos hará reaccionar al presente con mecanismos de defensa que, ni nos sirven ahora, ni corresponden a lo que nos está pasando.

Esa mochila vacía fue la que permitió a Madre Dolores sentirse "muy Malagueña" cuando allí fue destinada tras dejar de ser superiora general, y la que le permitió constatar que "todo el mundo es el propio país, y en todas partes está Dios".

Porque, sólo si llevamos la mochila vacía, o no la llevamos, podremos disfrutar del presente, de la novedad de cada día y podremos comprobar que Dios se nos va apareciendo en cada nueva circunstancia, en cada nuevo encuentro, en cada nueva situación.

Hay actualmente en alguna cadena de televisión una campaña para que la gente no mire tanto el móvil, que dice "¡Levanta la cabeza!"; creo que es muy buena. Si llevamos la cabeza agachada, por el miedo, o por estar mirando al pasado "perfecto", nos perdemos la vida. Y Dios nos quiere con la cabeza levantada; como la tuvo Madre Dolores, incluso cuando estuvo entre cuatro paredes húmedas y sin casi visitas; porque sabía descubrir a Dios en cada nuevo (bueno y malo) acontecimiento.

Pero Jesús no se queda en el bastón y la alforja. Tampoco tenemos que llevar pan o dinero.

Si nos quedamos en el pan material, como mucho podemos llegar a pensar que aquí Jesús está hablando de que Él puede "multiplicar los panes" y darnos de comer. Pero si lo miramos como hemos mirado el bastón y la alforja, tendremos que pensar que se refiere al alimento del espíritu.

Entonces la pregunta que nos tenemos que hacer sería: ¿con qué me alimento?, ¿con chismes, cotilleos y chismorreos?, ¿con las palabras de los políticos?, ¿con el facebook, youtube y la tele?


Esas son las "chucherías" que tanto nos entretienen, pero que no alimentan. No es que tengamos que dejar de tomar "chucherías", pero una vida sana requiere una dieta sana y ejercicio. ¿Cuál es la dieta y el ejercicio para nuestra alma?, ¿cuál el pan que Dios nos da sin que tengamos que "cargar" con él?

San Felipe visitaba las siete iglesias con sus compañeros. A lo mejor estaría bien que, a mitad del camino entráramos en una iglesia, en la parroquia, en una capilla...; y si no, siempre podemos ir a nuestra habitación interior y allí alimentarnos del encuentro personal y silencioso con Dios, que alimenta, cura las heridas del camino y da fuerza para continuar con la lucha diaria.

Y ya sólo nos queda el dinero. Tampoco quiere Jesús que llevemos dinero. El dinero nos da poder, nos da libertad, nos da seguridad. ¿Por qué no quiere Jesús que llevemos dinero?, ¿a qué se refiere con el dinero?

Pensemos en quien no tiene dinero. No sabe si mañana comerá, o dónde dormirá, lo que sí sabe es que va a depender de otros, de la bondad y generosidad de otros para comer y dormir, para lavarse y vestirse.

El que no tiene dinero corre más riesgo de perder la vida, y eso le hace agradecerla y valorarla más.

El que no tiene dinero levanta más los ojos para pedir ayuda, incluso para ir de un sitio a otro.

En las sociedades desarrolladas hemos perdido esa sensación de estar a la intemperie, y es que, aunque la veamos en las caras de los inmigrantes que vemos por la tele, no es lo mismo, nosotros seguimos seguros.

Esta dependencia, esta inseguridad hace al pobre levantar más a menudo los ojos al cielo. Para pedir y para agradecer.

La pregunta es ¿en qué baso mi seguridad?, ¿en qué mi "poderío"?, ¿cómo puedo llegar a sentirme "a la intemperie" y dependiente sólo de Dios?

Los años de bienestar nos han hecho creernos invencibles; los adelantos de la ciencia, de la industria, de las comunicaciones y de la medicina nos han dado un "poder" que antes no teníamos, y que nos ha llevado a olvidarnos de Dios, o incluso a creernos superiores a Él. Hemos llegado a creernos impunes, que podemos hacer lo que queramos, porque somos dueños de nuestro cuerpo, de quienes están por debajo de nosotros y del mundo, y hacemos con ellos lo que queremos.

Pero creo que el cambio climático está consiguiendo que sintamos que estamos perdiendo el control, que esto se nos ha ido de las manos, si es que en algún momento lo hemos llegado a tener.

Pero si vamos sin bastón, sin alforja, sin pan ni dinero, y sin pensar que necesitamos una túnica, y ponemos nuestra confianza sólo en Dios, presente siempre a nuestro lado, entonces Él será nuestro rey, y estaremos anunciando con nuestras vidas que su reino ya está aquí.

Hoy os invito a escuchar a Luis Guitarra, en su canción "Todo va a ir bien", que nos anima a confiar, porque Dios es nuestro bastón, nuestra túnica, nuestro pan y nuestra alforja; y, sobre todo, que no tenemos necesidad de sentirnos poderosos, ni superiores; porque Él nos ama y sabemos que con Dios... todo va a ir bien.



Mientras haya un horizonte en esta tierra,
mientras no pierdas las ganas de reír,
mientras brille en nuestro cielo alguna estrella,
no te rindas, no te canses de vivir.

TODO VA A IR BIEN, TODO VA A IR BIEN
TODO, TODO, TODO TODO VA A IR BIEN

Mientras haya quien denuncie en las aceras
la injusticia, las promesas sin cumplir…
Mientras quede algún peldaño en tu escalera
no te pares, no lo dejes sin subir.

Mientras siga amaneciendo en cada aldea,
mientras falte una canción por escribir,
mientras sepas que aún te merece la pena
no te calles, no te quedes sin decir…

TODO VA A IR BIEN, TODO VA A IR BIEN
TODO, TODO, TODO TODO VA A IR BIEN

TODO VA A IR BIEN, TODO VA A IR BIEN
DE ALGÚN MODO SÉ QUE TODO, TODO VA A IR BIEN.

Hay ventanas en mitad de mi ciudad,
hay palabras en el aire, que nos hacen confiar.
Y certezas que nos dan la libertad,
que nos hablan de utopías, que contagian valentía,
que nos muestran un camino por andar.

TODO VA A IR BIEN…

DE ALGÚN MODO SÉ QUE TODO… TODO VA A IR BIEN.

Que tengáis un camino feliz sin bastón, sin alforja, sin pan o sin dinero... pero con Dios.


miércoles, 31 de julio de 2019

¿RESPETO O VENGANZA?

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Hola a todos.

Hace unos días me sorprendió el evangelio (una vez más).

Se trataba del texto de Lucas (9, 51 ss.) en que no reciben a Jesús al entrar en un pueblo de samaritanos, por el simple hecho de que se dirige a Jerusalén. Los apóstoles, que ya conocen el poder de Jesús, pero aún no conocen el corazón de Dios, le preguntan si quiere que manden caer fuego del cielo sobre aquel pueblo, en venganza.

Dice el evangelio de Lucas que Jesús se volvió hacia ellos, y les regañó; y que se fueron del pueblo.

Estuve meditando este texto un largo rato. Jesús se limita a volverse hacia ellos y decirles que no. Jesús no piensa como los apóstoles. No se trata de vengarse, de aplastar a todo el que no piensa como Él.

¡Qué respetuoso es Dios con nosotros! Él lo ve todo. Lleva millones de años viendo cómo los hombres reaccionamos casi siempre de manera agresiva. Y nos respeta.

Él puso las reglas del juego; es decir, cuando dio al ser humano la libertad, se la dio con todas las consecuencias. Cada uno era libre de pensar y actuar según mejor le pareciera. Y Dios nos ha respetado.

Me resultó impresionante la lección que, con pocas palabras, Jesús les da a los apóstoles: si no me quieren, tienen derecho a no quererme, yo no se lo voy a impedir.

Por eso, aunque yo he metido la pata tantas veces, aunque he llegado a negarle, a actuar en contra suya, Él me ha respetado siempre. Nunca ha mandado fuego del cielo, me ha dado una y otra vez nuevas oportunidades.

Esa fue la postura de San Felipe cuando estaba en san Jerónimo de la Caridad, y varios sacerdotes trataban de molestarle. Felipe podía haber protestado, pero no lo hizo. Sabía que las personas son libres y respetaba la libertad de los demás, aunque las acciones de la libertad de los otros supusieran para él un sacrificio.



Esa fue también la postura de Madre Dolores cuando sus propias hijas la pusieron en la peor habitación y la aislaron. Ellas lo habían elegido, ella lo respetaba. Nunca se opuso a las decisiones que, tras dejar de ser superiora general, tomó el nuevo gobierno, presidido por Madre Salud. Podía, como fundadora que era, haber impuesto su criterio en muchas cosas, incluido el cierre de algunas casas. Pero ella ya no era la responsable; nunca llevó la contraria a quienes habían de tomar las decisiones.

¡Qué difícil es respetar las acciones de los demás!, y qué fácil querer "mandar que caiga fuego del cielo para que los consuma".

No tiene por qué ser "fuego" literalmente hablando; a veces, con una palabra, yo podría influir, si no en la toma de decisiones de los demás, sí en la opinión de quienes me rodean sobre esa decisión que no me gusta.

¡Qué difícil tener dominada la lengua! y qué fácil la venganza, aunque sólo tenga para ella la palabra. ¡Qué daño puedo hacer con mis palabras!, con mi crítica, con la ofensa, o diciendo a los demás lo malísima que es tal persona.

El mismo día en que se leyó esta lectura en misa, las noticias hablaron de una de las múltiples (por desgracia) "manadas" que se aprovechan de su fuerza para violar a niñas y jóvenes. Decían que el juez tras escucharles declarar, los había dejado en libertad con cargos, hasta que el juicio finalizara. Y decían cómo el tío de la joven agredida les había a su vez agredido a ellos a su salida del juzgado.

Se comentaba que el tío había sido puesto a disposición judicial y se encontraba preso.

Y se daba en las redes sociales la razón a este hombre, porque la justicia no había hecho nada.

La cuestión y el problema es que yo estaba de acuerdo. Hubiera querido que bajara fuego del cielo para que no quedara ni uno de los integrantes de esa (ni de ninguna otra) "manada".

Imagino que Jesús se volvió y me miró y me regañó. Las personas podemos, en nuestra libertad, hacer las peores barbaridades del mundo, y yo también. Pero Jesús, que aceptó ser crucificado sin oponer resistencia, nos diría que no tomemos la justicia por nuestra mano. Eso es colocarnos a la altura de quien abusa de su fuerza o de su posición. Y esa "altura" no es la "altura" del Evangelio, no es lo que Dios quiere de nosotros.

Cierto que las leyes han de proteger a todos, especialmente a los más vulnerables, y que han de exigir que quienes las infringen tengan su castigo; tanto si se trata de aparcar en zona prohibida como si el asunto es más grave y se trata de atentar contra la integridad física de alguien.

Pero la venganza no nos hace mejores personas, es el perdón el que nos coloca por encima. Es el dominio de uno mismo el que nos hace más maduros, más humanos y, sobre todo, más cristianos.

Lo dicen las víctimas del terrorismo que han llegado a perdonar a sus atacantes: ahora son más libres, ya no dependen de quienes les causaron el daño.

Lo mismo nosotros aún sin llegar a esos extremos, cuando perdonamos, cuando aceptamos que los demás pueden pensar y actuar de forma diferente, e incluso en contra nuestra; nos liberamos de lo que nos ata. Si ellos pueden pensar diferente, y eso no va a condicionar mi actuación, entonces me libero, porque no dependo de lo que hagan los demás para obrar.

No me afecta si me tratan bien o mal, no me afecta si son educados conmigo o no. Yo he elegido tratar bien a los demás, ser educada, y no voy a cambiar porque ellos no hagan lo correcto, yo lo voy a hacer, porque elijo perdonar, elijo actuar educadamente, elijo ser agradable con los demás.

Elijo, en fin, lo que me hace mejor persona, lo que me asemeja más a Dios, y me diferencia más de los que actúan abusando de su fuerza o de su poder.

Así quiero elegir, como Jesús, como san Felipe, como Madre Dolores, como tantas víctimas que deciden no parecerse a sus agresores, como todos aquellos que luchan contra el mal con el bien.

¡Ojalá me parezca cada día más a ellos y menos a los agresores!

Hoy os dejo una canción que se titula "En mi debilidad te haces fuerte", para que nos ayude a meditar sobre esta realidad de que la debilidad no es débil cuando actúa según Dios y con Dios.



Os deseo que encontréis en Dios la fortaleza para colocaros por encima de aquellos hacen de la fuerza su única palabra, para que en el mundo haya más respeto y menos venganza; para que nos parezcamos más a Dios, a Jesús, a San Felipe y a Madre Dolores.

lunes, 27 de mayo de 2019

EL SÍNDROME DE EMAÚS

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Hola a todos.

Hace unos días escuché hablar del "Síndrome de Emaús", y quiero compartirlo con vosotros, pues Madre Dolores fue acusada, en una ocasión, de padecer este síndrome que podemos hoy estar padeciendo nosotros.


Me explico:


Decía el sacerdote que llamaba "síndrome de Emaús" a lo que nos pasa cuando actuamos como los dos discípulos que, según el evangelio de Lucas, huyeron de Jerusalén cuando Jesús fue crucificado, a pesar de que "algunas mujeres" habían dicho que encontraron la tumba vacía y un ángel les había dado la buena noticia de la resurrección.


Les mueve el temor a lo que va a suceder en Jerusalén, donde seguramente tratarán a los seguidores de Jesús del mismo modo que a Él: Crucificándolos.


Y no se creen el testimonio de las mujeres (aunque sean tres, número de testigos necesarios en aquel tiempo para que fueran fiables), porque son mujeres.


Así pues, cuando huimos de la realidad que nos rodea, porque no nos gusta, porque no nos fiamos de quien nos rodea, porque tememos el futuro inmediato, o simplemente porque nos resulta incómoda, estamos padeciendo el "Síndrome de Emaús".


Cuando Madre Dolores deja de ser superiora general de la Congregación, Madre Salud y el Padre Tejero la envían a Madrid para conseguir alguna subvención y fondos para cubrir los gastos de Santa Isabel, donde se estaban edificando unas clases para el colegio, y no se podían terminar por falta constante de dinero con que pagar.


Esta circunstancia nos sitúa, con Madre Dolores, en el Madrid de 1887, más concretamente en la  casa de las Religiosas de María Inmaculada, cuya Fundadora, Santa Vicenta María López Vicuña siempre la quiso y la recibió como a una hermana. La amistad entre estas dos fundadoras fue uno de esos rayos de luz que resisten toda oscuridad.


Aquí, mientras Madre Dolores iba de puerta en puerta, de despacho en despacho, buscando una subvención o una ayuda para la "Casa de Arrepentidas" y el "Colegio Santa Isabel", parece ser que llegaron rumores de que Madre Dolores padecía eso que llamamos "Síndrome de Emaús"; es decir, a las religiosas les dijeron las "malas lenguas" que su visitante se había ido a Madrid como huyendo de su congregación, de la que ya no era Superiora.


Pero, en el caso de nuestra Fundadora no era así, sino que tanto el Padre Tejero como Madre Salud (la nueva superiora general) la enviaron por ser ella la que mejor conocía el mundo de los despachos de los políticos a quienes había que mover para conseguir algo. Además ella, por su experiencia era la que conocía a las mujeres que siempre había detrás de los políticos, y que hacían mucho con sus palabras y sus cartas en favor o en detrimento de una obra. (En nuestro caso en favor.)



Colegio de las Religiosas de María Inmaculada en Madrid.

Por eso Madre Dolores no tuvo reparo en hablar con Santa Vicenta sobre este particular, imaginamos que pidiéndole que limpiara su nombre de toda sospecha antes de que sus religiosas creyeran lo que decían las "malas lenguas".

Qué fácil es el chismorreo y el juzgar a los demás cuando estamos cómodos y seguros. Por eso el Papa Francisco dice que el chismorreo nos convierte en terroristas que lanzan la bomba, esparcen el terror y luego se van tranquilamente.

Pero no hablábamos del chismorreo, eso lo dejaremos para otro día; hablábamos del "Síndrome de Emaús".

Es verdad que Madre Dolores no lo padeció, sino que fue solamente acusada de ello. Pero a nosotros a veces nos puede pasar.

¿Cuántas veces no hemos huido de las situaciones que nos resultan incómodas?


¿Cuántas veces hemos dejado de hablar un tiempo a una persona porque ha dicho o hecho algo que me molestaba, o porque he hecho caso de algún chisme sobre ella y no me atrevo a preguntarle directamente para que me lo aclare?


¿Cuántas no hemos ido relegando tareas difíciles?, ¿cuántas no hemos dejado de corregir a nuestros hijos porque gritan muy fuerte, o porque pensamos que los de fuera van a pensar que los "maltratamos"?


¿Cuántas veces hemos huido realmente, como los de Emaús, cuando nos tocaba dar testimonio de nuestra fe y eso en la sociedad globalizada y posmoderna en que vivimos no es "políticamente correcto"?


Aquí cada uno de nosotros tendrá que buscar sus propios "¿Cuántas veces?".


A veces, y sólo a veces, lo correcto es huir, como huyó el Padre Tejero de Cádiz, antes de que le volvieran a embarcar para el exilio en noviembre de 1868.


Pero muchas otras tan solo es el "síndrome de Emaús", ese miedo a lo desconocido que nos paraliza.


Si lo pensamos bien, este es el síndrome que está afectando a la mayoría de los países desarrollados, que les hace no comprometerse a fondo con la regeneración de la capa de ozono, o con el tema de las migraciones. Temen (tememos) que si pierden su modo de vida el futuro (para ellos) será peor.


Y, es que la huida siempre deja atrás a alguien. Los de Emaús dejaron a los hermanos de Jerusalén. Los gobiernos del primer mundo dejan atrás a los habitantes de "tercera categoría". Los padres que no se atreven a corregir a sus hijos, realmente están dejándolos abandonados a su suerte sin una escala de valores con la que puedan analizar sus vidas y aprendan a tomar decisiones conociendo que TODO, absolutamente TODO lo que hacemos tiene sus consecuencias.


Así podríamos poner un ejemplo para cada una de las "¿Cuántas veces?" que hemos dicho antes, y para cada una de las que se nos ocurran.


Cuando los cristianos padecemos el síndrome de Emaús, tenemos ventaja frente a los no cristianos. En nuestro camino de huida siempre podemos, si estamos atentos, descubrir a Jesús explicándonos qué nos ha pasado, por qué nos ha pasado, y qué tenemos que hacer.


Los de Emaús descubrieron que las palabras de aquel hombre que encontraron en el camino tenían algo que les hacía sentir por dentro algo nuevo y bueno.


Nosotros tenemos la Palabra de Dios que, a diario, nos permite descubrir la presencia de Dios a nuestro lado.


Los de Emaús descubrieron que la muerte no puede ganar la batalla final, cuando vieron a Jesús partir el pan en la cena.


Nosotros tenemos la Eucaristía que nos permite participar del milagro de tener a Dios en nosotros.


Los de Emaús volvieron a la comunidad de Jerusalén, donde, con la fuerza de la Palabra y de la Eucaristía ya podían hacer frente al futuro sin miedo.


Pero los de Emaús dejaron que ese desconocido se acercara a ellos, dejaron que interviniera en su conversación y se "metiera", de algún modo, en sus vidas, cuando le invitaron a cenar.


Muchas veces nos pasa eso que dijo Jesús: "Estoy a la puerta y llamo, si alguien me abre entraré y cenaremos juntos".


¿Qué habría pasado a los de Emaús si no hubieran dejado a ese desconocido un espacio en su conversación?, ¿y si no le hubieran invitado a cenar?


Qué malo es el miedo, que muchas veces nos bloquea de tal modo que ni siquiera dejamos sitio a Jesús.


Hay una oración muy breve, tan solo de dos palabras, que nos puede servir para mucho en los momentos que suframos este "síndrome".


Es una oración tan sencilla y simple que llega directa al corazón de Dios, y abre la puerta de nuestro corazón a Jesús, para que entre a cenar con nosotros, nos explique cómo su Providencia pasa por todas nuestras dificultades y las hace resucitar; y para que parta el Pan con nosotros dándonos la fuerza necesaria para superar las adversidades por grandes que sean.


Se trata simplemente de decir: "Señor, ¡Ayúdame!".


En épocas de dificultad, de falta de motivación, de complicaciones, de enfermedad... digamos: "Señor, ¡Ayúdame!".


Y repitámoslo cuantas veces haga falta, no porque Dios no nos haya escuchado a la primera, sino porque nuestra puerta a veces tiene las bisagras tan oxidadas que nos cuesta abrirla de par en par para que el Señor pase y cene con nosotros.


Digámoslo siempre que haga falta: "Señor, ¡Ayúdame!".


Y, después, no olvidéis darle las gracias. Que es de bien nacidos ser agradecidos.


Hoy os dejo la canción "Señor a quién iremos", con letra de Paula Richard y música de Cristóbal Fones, cantada por el grupo Música Católica. Creo que merece la pena dejarse llevar por ella e invitar a cenar al Señor en nuestra casa.







Señor, a Quién iremos, si Tú eres nuestra vida. Señor, a Quién iremos, si Tú eres nuestro Amor, si Tú eres nuestro Amor. Quién como Tú conoce lo insondable de nuestro corazón. A Quién como a Ti le pesan nuestros dolores, nuestros errores. Quién podría amar como Tú nuestra carne débil, nuestro barro frágil. Señor, a Quién iremos, si Tú eres nuestra vida. Señor, a Quién iremos, si Tú eres nuestro Amor, si Tú eres nuestro Amor. Quién como Tú confía en la mecha que humea, en nuestro interior. Quién como Tú sostiene nuestra esperanza mal herida y nuestros anhelos insaciables. Quién como Tú espera nuestro Sí de amor. Señor, a Quién iremos, si Tú eres nuestra vida. Señor, a Quién iremos si Tú eres nuestro Amor, si Tú eres nuestro Amor.

Llamemos sin miedo al Señor, y dejémosle entrar y cenar con nosotros.

Que tengáis un tiempo feliz y cenéis a menudo con Jesús.