miércoles, 31 de julio de 2019

¿RESPETO O VENGANZA?

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Hola a todos.

Hace unos días me sorprendió el evangelio (una vez más).

Se trataba del texto de Lucas (9, 51 ss.) en que no reciben a Jesús al entrar en un pueblo de samaritanos, por el simple hecho de que se dirige a Jerusalén. Los apóstoles, que ya conocen el poder de Jesús, pero aún no conocen el corazón de Dios, le preguntan si quiere que manden caer fuego del cielo sobre aquel pueblo, en venganza.

Dice el evangelio de Lucas que Jesús se volvió hacia ellos, y les regañó; y que se fueron del pueblo.

Estuve meditando este texto un largo rato. Jesús se limita a volverse hacia ellos y decirles que no. Jesús no piensa como los apóstoles. No se trata de vengarse, de aplastar a todo el que no piensa como Él.

¡Qué respetuoso es Dios con nosotros! Él lo ve todo. Lleva millones de años viendo cómo los hombres reaccionamos casi siempre de manera agresiva. Y nos respeta.

Él puso las reglas del juego; es decir, cuando dio al ser humano la libertad, se la dio con todas las consecuencias. Cada uno era libre de pensar y actuar según mejor le pareciera. Y Dios nos ha respetado.

Me resultó impresionante la lección que, con pocas palabras, Jesús les da a los apóstoles: si no me quieren, tienen derecho a no quererme, yo no se lo voy a impedir.

Por eso, aunque yo he metido la pata tantas veces, aunque he llegado a negarle, a actuar en contra suya, Él me ha respetado siempre. Nunca ha mandado fuego del cielo, me ha dado una y otra vez nuevas oportunidades.

Esa fue la postura de San Felipe cuando estaba en san Jerónimo de la Caridad, y varios sacerdotes trataban de molestarle. Felipe podía haber protestado, pero no lo hizo. Sabía que las personas son libres y respetaba la libertad de los demás, aunque las acciones de la libertad de los otros supusieran para él un sacrificio.



Esa fue también la postura de Madre Dolores cuando sus propias hijas la pusieron en la peor habitación y la aislaron. Ellas lo habían elegido, ella lo respetaba. Nunca se opuso a las decisiones que, tras dejar de ser superiora general, tomó el nuevo gobierno, presidido por Madre Salud. Podía, como fundadora que era, haber impuesto su criterio en muchas cosas, incluido el cierre de algunas casas. Pero ella ya no era la responsable; nunca llevó la contraria a quienes habían de tomar las decisiones.

¡Qué difícil es respetar las acciones de los demás!, y qué fácil querer "mandar que caiga fuego del cielo para que los consuma".

No tiene por qué ser "fuego" literalmente hablando; a veces, con una palabra, yo podría influir, si no en la toma de decisiones de los demás, sí en la opinión de quienes me rodean sobre esa decisión que no me gusta.

¡Qué difícil tener dominada la lengua! y qué fácil la venganza, aunque sólo tenga para ella la palabra. ¡Qué daño puedo hacer con mis palabras!, con mi crítica, con la ofensa, o diciendo a los demás lo malísima que es tal persona.

El mismo día en que se leyó esta lectura en misa, las noticias hablaron de una de las múltiples (por desgracia) "manadas" que se aprovechan de su fuerza para violar a niñas y jóvenes. Decían que el juez tras escucharles declarar, los había dejado en libertad con cargos, hasta que el juicio finalizara. Y decían cómo el tío de la joven agredida les había a su vez agredido a ellos a su salida del juzgado.

Se comentaba que el tío había sido puesto a disposición judicial y se encontraba preso.

Y se daba en las redes sociales la razón a este hombre, porque la justicia no había hecho nada.

La cuestión y el problema es que yo estaba de acuerdo. Hubiera querido que bajara fuego del cielo para que no quedara ni uno de los integrantes de esa (ni de ninguna otra) "manada".

Imagino que Jesús se volvió y me miró y me regañó. Las personas podemos, en nuestra libertad, hacer las peores barbaridades del mundo, y yo también. Pero Jesús, que aceptó ser crucificado sin oponer resistencia, nos diría que no tomemos la justicia por nuestra mano. Eso es colocarnos a la altura de quien abusa de su fuerza o de su posición. Y esa "altura" no es la "altura" del Evangelio, no es lo que Dios quiere de nosotros.

Cierto que las leyes han de proteger a todos, especialmente a los más vulnerables, y que han de exigir que quienes las infringen tengan su castigo; tanto si se trata de aparcar en zona prohibida como si el asunto es más grave y se trata de atentar contra la integridad física de alguien.

Pero la venganza no nos hace mejores personas, es el perdón el que nos coloca por encima. Es el dominio de uno mismo el que nos hace más maduros, más humanos y, sobre todo, más cristianos.

Lo dicen las víctimas del terrorismo que han llegado a perdonar a sus atacantes: ahora son más libres, ya no dependen de quienes les causaron el daño.

Lo mismo nosotros aún sin llegar a esos extremos, cuando perdonamos, cuando aceptamos que los demás pueden pensar y actuar de forma diferente, e incluso en contra nuestra; nos liberamos de lo que nos ata. Si ellos pueden pensar diferente, y eso no va a condicionar mi actuación, entonces me libero, porque no dependo de lo que hagan los demás para obrar.

No me afecta si me tratan bien o mal, no me afecta si son educados conmigo o no. Yo he elegido tratar bien a los demás, ser educada, y no voy a cambiar porque ellos no hagan lo correcto, yo lo voy a hacer, porque elijo perdonar, elijo actuar educadamente, elijo ser agradable con los demás.

Elijo, en fin, lo que me hace mejor persona, lo que me asemeja más a Dios, y me diferencia más de los que actúan abusando de su fuerza o de su poder.

Así quiero elegir, como Jesús, como san Felipe, como Madre Dolores, como tantas víctimas que deciden no parecerse a sus agresores, como todos aquellos que luchan contra el mal con el bien.

¡Ojalá me parezca cada día más a ellos y menos a los agresores!

Hoy os dejo una canción que se titula "En mi debilidad te haces fuerte", para que nos ayude a meditar sobre esta realidad de que la debilidad no es débil cuando actúa según Dios y con Dios.



Os deseo que encontréis en Dios la fortaleza para colocaros por encima de aquellos hacen de la fuerza su única palabra, para que en el mundo haya más respeto y menos venganza; para que nos parezcamos más a Dios, a Jesús, a San Felipe y a Madre Dolores.

lunes, 27 de mayo de 2019

EL SÍNDROME DE EMAÚS

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Hola a todos.

Hace unos días escuché hablar del "Síndrome de Emaús", y quiero compartirlo con vosotros, pues Madre Dolores fue acusada, en una ocasión, de padecer este síndrome que podemos hoy estar padeciendo nosotros.


Me explico:


Decía el sacerdote que llamaba "síndrome de Emaús" a lo que nos pasa cuando actuamos como los dos discípulos que, según el evangelio de Lucas, huyeron de Jerusalén cuando Jesús fue crucificado, a pesar de que "algunas mujeres" habían dicho que encontraron la tumba vacía y un ángel les había dado la buena noticia de la resurrección.


Les mueve el temor a lo que va a suceder en Jerusalén, donde seguramente tratarán a los seguidores de Jesús del mismo modo que a Él: Crucificándolos.


Y no se creen el testimonio de las mujeres (aunque sean tres, número de testigos necesarios en aquel tiempo para que fueran fiables), porque son mujeres.


Así pues, cuando huimos de la realidad que nos rodea, porque no nos gusta, porque no nos fiamos de quien nos rodea, porque tememos el futuro inmediato, o simplemente porque nos resulta incómoda, estamos padeciendo el "Síndrome de Emaús".


Cuando Madre Dolores deja de ser superiora general de la Congregación, Madre Salud y el Padre Tejero la envían a Madrid para conseguir alguna subvención y fondos para cubrir los gastos de Santa Isabel, donde se estaban edificando unas clases para el colegio, y no se podían terminar por falta constante de dinero con que pagar.


Esta circunstancia nos sitúa, con Madre Dolores, en el Madrid de 1887, más concretamente en la  casa de las Religiosas de María Inmaculada, cuya Fundadora, Santa Vicenta María López Vicuña siempre la quiso y la recibió como a una hermana. La amistad entre estas dos fundadoras fue uno de esos rayos de luz que resisten toda oscuridad.


Aquí, mientras Madre Dolores iba de puerta en puerta, de despacho en despacho, buscando una subvención o una ayuda para la "Casa de Arrepentidas" y el "Colegio Santa Isabel", parece ser que llegaron rumores de que Madre Dolores padecía eso que llamamos "Síndrome de Emaús"; es decir, a las religiosas les dijeron las "malas lenguas" que su visitante se había ido a Madrid como huyendo de su congregación, de la que ya no era Superiora.


Pero, en el caso de nuestra Fundadora no era así, sino que tanto el Padre Tejero como Madre Salud (la nueva superiora general) la enviaron por ser ella la que mejor conocía el mundo de los despachos de los políticos a quienes había que mover para conseguir algo. Además ella, por su experiencia era la que conocía a las mujeres que siempre había detrás de los políticos, y que hacían mucho con sus palabras y sus cartas en favor o en detrimento de una obra. (En nuestro caso en favor.)



Colegio de las Religiosas de María Inmaculada en Madrid.

Por eso Madre Dolores no tuvo reparo en hablar con Santa Vicenta sobre este particular, imaginamos que pidiéndole que limpiara su nombre de toda sospecha antes de que sus religiosas creyeran lo que decían las "malas lenguas".

Qué fácil es el chismorreo y el juzgar a los demás cuando estamos cómodos y seguros. Por eso el Papa Francisco dice que el chismorreo nos convierte en terroristas que lanzan la bomba, esparcen el terror y luego se van tranquilamente.

Pero no hablábamos del chismorreo, eso lo dejaremos para otro día; hablábamos del "Síndrome de Emaús".

Es verdad que Madre Dolores no lo padeció, sino que fue solamente acusada de ello. Pero a nosotros a veces nos puede pasar.

¿Cuántas veces no hemos huido de las situaciones que nos resultan incómodas?


¿Cuántas veces hemos dejado de hablar un tiempo a una persona porque ha dicho o hecho algo que me molestaba, o porque he hecho caso de algún chisme sobre ella y no me atrevo a preguntarle directamente para que me lo aclare?


¿Cuántas no hemos ido relegando tareas difíciles?, ¿cuántas no hemos dejado de corregir a nuestros hijos porque gritan muy fuerte, o porque pensamos que los de fuera van a pensar que los "maltratamos"?


¿Cuántas veces hemos huido realmente, como los de Emaús, cuando nos tocaba dar testimonio de nuestra fe y eso en la sociedad globalizada y posmoderna en que vivimos no es "políticamente correcto"?


Aquí cada uno de nosotros tendrá que buscar sus propios "¿Cuántas veces?".


A veces, y sólo a veces, lo correcto es huir, como huyó el Padre Tejero de Cádiz, antes de que le volvieran a embarcar para el exilio en noviembre de 1868.


Pero muchas otras tan solo es el "síndrome de Emaús", ese miedo a lo desconocido que nos paraliza.


Si lo pensamos bien, este es el síndrome que está afectando a la mayoría de los países desarrollados, que les hace no comprometerse a fondo con la regeneración de la capa de ozono, o con el tema de las migraciones. Temen (tememos) que si pierden su modo de vida el futuro (para ellos) será peor.


Y, es que la huida siempre deja atrás a alguien. Los de Emaús dejaron a los hermanos de Jerusalén. Los gobiernos del primer mundo dejan atrás a los habitantes de "tercera categoría". Los padres que no se atreven a corregir a sus hijos, realmente están dejándolos abandonados a su suerte sin una escala de valores con la que puedan analizar sus vidas y aprendan a tomar decisiones conociendo que TODO, absolutamente TODO lo que hacemos tiene sus consecuencias.


Así podríamos poner un ejemplo para cada una de las "¿Cuántas veces?" que hemos dicho antes, y para cada una de las que se nos ocurran.


Cuando los cristianos padecemos el síndrome de Emaús, tenemos ventaja frente a los no cristianos. En nuestro camino de huida siempre podemos, si estamos atentos, descubrir a Jesús explicándonos qué nos ha pasado, por qué nos ha pasado, y qué tenemos que hacer.


Los de Emaús descubrieron que las palabras de aquel hombre que encontraron en el camino tenían algo que les hacía sentir por dentro algo nuevo y bueno.


Nosotros tenemos la Palabra de Dios que, a diario, nos permite descubrir la presencia de Dios a nuestro lado.


Los de Emaús descubrieron que la muerte no puede ganar la batalla final, cuando vieron a Jesús partir el pan en la cena.


Nosotros tenemos la Eucaristía que nos permite participar del milagro de tener a Dios en nosotros.


Los de Emaús volvieron a la comunidad de Jerusalén, donde, con la fuerza de la Palabra y de la Eucaristía ya podían hacer frente al futuro sin miedo.


Pero los de Emaús dejaron que ese desconocido se acercara a ellos, dejaron que interviniera en su conversación y se "metiera", de algún modo, en sus vidas, cuando le invitaron a cenar.


Muchas veces nos pasa eso que dijo Jesús: "Estoy a la puerta y llamo, si alguien me abre entraré y cenaremos juntos".


¿Qué habría pasado a los de Emaús si no hubieran dejado a ese desconocido un espacio en su conversación?, ¿y si no le hubieran invitado a cenar?


Qué malo es el miedo, que muchas veces nos bloquea de tal modo que ni siquiera dejamos sitio a Jesús.


Hay una oración muy breve, tan solo de dos palabras, que nos puede servir para mucho en los momentos que suframos este "síndrome".


Es una oración tan sencilla y simple que llega directa al corazón de Dios, y abre la puerta de nuestro corazón a Jesús, para que entre a cenar con nosotros, nos explique cómo su Providencia pasa por todas nuestras dificultades y las hace resucitar; y para que parta el Pan con nosotros dándonos la fuerza necesaria para superar las adversidades por grandes que sean.


Se trata simplemente de decir: "Señor, ¡Ayúdame!".


En épocas de dificultad, de falta de motivación, de complicaciones, de enfermedad... digamos: "Señor, ¡Ayúdame!".


Y repitámoslo cuantas veces haga falta, no porque Dios no nos haya escuchado a la primera, sino porque nuestra puerta a veces tiene las bisagras tan oxidadas que nos cuesta abrirla de par en par para que el Señor pase y cene con nosotros.


Digámoslo siempre que haga falta: "Señor, ¡Ayúdame!".


Y, después, no olvidéis darle las gracias. Que es de bien nacidos ser agradecidos.


Hoy os dejo la canción "Señor a quién iremos", con letra de Paula Richard y música de Cristóbal Fones, cantada por el grupo Música Católica. Creo que merece la pena dejarse llevar por ella e invitar a cenar al Señor en nuestra casa.







Señor, a Quién iremos, si Tú eres nuestra vida. Señor, a Quién iremos, si Tú eres nuestro Amor, si Tú eres nuestro Amor. Quién como Tú conoce lo insondable de nuestro corazón. A Quién como a Ti le pesan nuestros dolores, nuestros errores. Quién podría amar como Tú nuestra carne débil, nuestro barro frágil. Señor, a Quién iremos, si Tú eres nuestra vida. Señor, a Quién iremos, si Tú eres nuestro Amor, si Tú eres nuestro Amor. Quién como Tú confía en la mecha que humea, en nuestro interior. Quién como Tú sostiene nuestra esperanza mal herida y nuestros anhelos insaciables. Quién como Tú espera nuestro Sí de amor. Señor, a Quién iremos, si Tú eres nuestra vida. Señor, a Quién iremos si Tú eres nuestro Amor, si Tú eres nuestro Amor.

Llamemos sin miedo al Señor, y dejémosle entrar y cenar con nosotros.

Que tengáis un tiempo feliz y cenéis a menudo con Jesús.

martes, 26 de junio de 2018

EL DIOS DE LA BRISA SUAVE

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Hola a todos.

En estos días hemos leído, en el primer libro de los Reyes, la vida de Elías, el más grande profeta de Israel. Su historia es muy entretenida, y os recomiendo leerla, a partir del capítulo 17 de dicho libro (el primero de los Reyes).

Resulta que en tiempos de Elías el pueblo se había dedicado a creer más en otros dioses (a los que llamaban "Baales") que en Yahvé, el Dios de Israel. Y, como la forma de comunicación entre los dioses y los hombres eran los profetas, Baal tenía muchísimos profetas, porque a todo el pueblo le gustaba acudir a los ellos para preguntar por el futuro y para pedir oraciones por sus negocios, sus cosechas, sus familias, etc., etc.

Pues bien, los profetas de los Baales no sólo fueron aumentando, sino también haciéndose más poderosos y más fuertes. Y comenzaron a perseguir a los profetas de Yahvé, que fueron muriendo o escapando para esconderse, abandonando así "el oficio". Así pues, al final, solo quedaba Elías como profeta de Yahvé.

Parece ser que Elías, que quería mucho al Señor, se pilló un mosqueo enorme contra los profetas de los Baales y les demostró que el único Dios era el Señor, y no Baal. Para eso, convocó a los profetas de Baal y les dijo que si conseguían con sus rezos que los Baales quemaran sus ofrendas, entonces los Baales serían Dios, y no Yahvé.

Pero, claro, los Baales no lo hicieron. Entonces Elías echó mucha, muchísima agua sobre su ofrenda, e invocó a Dios. Y Dios, con un rayo, secó el agua, quemó la madera mojada y el toro, que era la ofrendas, y no quedaron más que cenizas.

Entonces el pueblo, enloquecido, mató a los 450 profetas de Baal.

Pero la reina, que era la que había contratado a los profetas, se enfadó contra Elías y dijo que lo iba a matar.

Perseguido, Elías salió huyendo, y estuvo huyendo durante cuarenta días y cuarenta noches, hasta que encontró una cueva oculta y se escondió allí, en la montaña, hasta que pasara lo que hoy diríamos "la mala racha".

Pero cuando estaba escondido y con miedo, escuchó la voz de Dios que le preguntó qué hacía. Él le dijo a Dios (¡cómo si Dios no lo supiera ya!) que estaba muy preocupado por el pueblo, que había dejado de creer en Dios, que habían matado a todos los profetas de Dios excepto a él, y que le perseguían para matarle".

¿Os dais cuenta de que no dice que ha hecho que maten a los profetas de Baal?

Pero Dios no se deja engañar, y le dijo que se asomara a la boca de la cueva, que iba a pasar por allí.

Elías salió a la entrada y entonces hubo un huracán fortísimo;pero Dios no estaba en el huracán; y eso que las hasta las montañas temblaban ante el huracán. Después hubo un terremoto grande; pero Dios no estaba tampoco en el temblor de tierra. A continuación hubo un incendio enorme, pero en el fuego no estaba Dios.



Finalmente, hubo una brisa suave. En la brisa suave Elías descubrió a Dios, y se cubrió la cara y adoró a Dios. Y Dios le volvió a preguntar qué era lo que hacía allí. Y Elías le volvió a contar a Dios que le perseguían y tal. Y entonces, sólo entonces, Dios le dijo lo que tenía que hacer.

Para mí siempre era un interrogante por qué Dios le preguntaba dos veces a Elías lo mismo: "¿Qué haces aquí?", ¿es que Dios no lo sabía ya?, ¿es que estaba sordo y no se enteraba a la primera?...

¿Por qué tienen que pasar un terremoto y un tornado y un incendio?, ¿por qué sólo después de la brisa suave Dios le dice a Elías lo que tiene que hacer?

Dios le está dando una lección a Elías. Elías ha comprometido a Dios haciéndole que demuestre que es Dios, pero al modo de Elías, con un rayo superpoderoso, no al modo de Dios. Y Dios le enseña su verdadera manera de actuar: Dios está en la brisa suave.

Sin la primera parte del relato, en la que vemos cómo Elías podríamos decir que "se pone chulo" ante los profetas de Baal, comprometiendo a Dios a hacer lo que dice Elías, mostrando sus "superpoderes"; sin saber que a Elías lo persiguen y por qué (por haber hecho matar a los 450 profetas), no se puede entender por qué Dios le pregunta dos veces a Elías, ni tampoco por qué hace pasar un terremoto, un huracán y fuego, para hacerse presente en la brisa.

Le está diciendo a Elías que, aunque Él es dueño de todo, su modo de actuar no es el que ha tenido Elías; Dios acompaña a la brisa suave.

Y, a lo mejor os preguntáis a qué viene tanta introducción. La verdad es que a mí siempre me ha interrogado este texto, pero ahora, comparándolo con mi modo de actuar, me siento bastante identificada con Elías.

¿Cuántas veces no me enfado porque la gente no hace las cosas como yo quiero?, ¿cuántas veces quiero cambiar "casi a la fuerza" a quienes me rodean?, ¿cuántas quiero que Dios haga "milagritos", o "milagrotes", para demostrar que yo llevo la razón?

El modo de actuar de Elías es bastante común entre nosotros; ¿no os parece? En muchas ocasiones, como Elías, tiramos la piedra, y cuando vemos que los resultados no son los que creíamos, escondemos rápidamente la mano. Y le protestamos a Dios: "Señor, yo quiero que la gente haga lo correcto, pero nadie me hace caso, e incluso se meten conmigo".

Y cuando digo "la gente", también digo mi hermana de comunidad, mi esposo o esposa, mis hijos, mis jefes (que, por cierto, "¡mira que se empeñan en hacer mal las cosas!, ¡no sé cómo han llegado a ser jefes!"), mis compañeros de trabajo, etc., etc.

Pero Dios se empeña en que no está en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego.

O sea, que me toca "aguantar" que la cizaña siga creciendo con la buena semilla (que, no sé cómo lo hago, pero siempre la tengo yo), y los demás la cizaña.

Vaya, vaya, pero creo que Madre Dolores sí que supo que Dios es el Dios de la brisa suave, que es el Dios paciente, que nos mira con cariño y comprende nuestras malas acciones y, acariciándonos con esa brisa suave que le acompaña, espera pacientemente que vayamos cambiando, poquito a poquito, para convertirnos nosotros también en esa brisa suave que no apaga el pábilo vacilante, ni casca la caña quebrada.

¿Será posible que ante "los profetas de los Baales", las personas que no opinan, que no obran según mi ideal de bondad y de entrega a Dios, que me relegan a un segundo puesto, como hicieron sus Hijas con Madre Dolores, que me tratan, a veces, bastante mal, que otras veces ni tan siquiera me ven, y me parece ser invisible, ante esas personas que parecen no adorar al mismo Dios misericordioso que yo, actuemos del mismo modo que actuó Madre Dolores?

¿Será posible que me acuerde del "Dios de la brisa suave" cuando quiero cambiar la historia a mi gusto?, ¿y cuando quiero manipular a Dios para que las cosas "se hagan bien", es decir, como a mí me parece que están

Sería bueno traer a la mente al Dios de la brisa suave, que le enseña a Elías que hay que ser profeta, pero suavemente, dando ejemplo, y amando siempre, como Madre Dolores en los años que estuvo relegada del gobierno de la Congregación, dejando a Dios actuar, dejando que sea Dios, y no nosotros, el que lleve el curso de la historia.

Pero eso nos resulta difícil. A veces muy difícil.

Por eso os invito a reflexionar en la historia de Elías y la brisa suave, y a hacer crecer vuestra confianza en Dios, que al fin y al cabo, como Elías les demostró a los adoradores de los baales, es el único y verdadero Dios, el que envió a su Hijo, el que es paciente conmigo, y no me mata cada vez que lo hago mal.

La canción con la que hoy os invito a meditar también es del grupo Ain Karem, y se titula "Ardo en celo". Nos narra lo que hemos comentado del libro de los reyes; quizá demasiado literalmente para lo que a mí me hubiera gustado; pero con ella os invito a descubrir a este Dios de la brisa suave que no rompe la caña cascada ni apaga la vela vacilante.




Pidamos a Dios que su presencia constante en nuestras vidas nos haga menos intransigentes y más pacientes, para ser más como Él.

Felices vacaciones a quienes las comienzan, y feliz mes de julio a todos.

viernes, 18 de mayo de 2018

EN AYUDA DE NUESTRA DEBILIDAD

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Hola a todos.

El día de Pentecostés, a los cincuenta de la resurrección de Jesús, celebramos la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles.

En la homilía del día de la Ascensión, el sacerdote nos contó un cuento, en el que, tras subir Jesús al cielo, los ángeles le rodeaban y empezaban a preguntarle sobre su estancia en la tierra, sobre cómo había sido eso de sentir como sienten los hombres, de nacer, de jugar, caer y levantarse, de trabajar y sentir el amor al modo humano. Decía que Jesús les iba contando cosas de sus padres, de Nazaret, etc.

También le preguntaban los ángeles cómo había sido eso de padecer, de sufrir, de sentir soledad y desolación. Y Él, pacientemente, les iba respondiendo a todos.

Cuenta el cuento que, en un momento dado de la conversación, se acerca el arcángel Gabriel y le pregunta. Bueno, Señor, y ahora, ¿quién va a continuar la obra de establecer el reino de Dios en la tierra? Y que Jesús le responde. ¡Pues ellos!, los discípulos.

Dicen, que el arcángel se echó a reír, exclamando: ¿¡Esos!?, ¿unos pescadores cobardes?, ¿quizá Pedro, que te negó tres veces?, ¿o esa prostituta?, ¿los que gritaron que te mataran, porque todos los demás gritaban?, ¡venga ya!, ¿los que se escondieron?, ¿los que te buscaban para tener buenos puestos en tu reino?, ¡venga ya, Jesús!, que no me lo puedo creer que esos vayan a poder hacer realidad del reino de tu Padre en la tierra. ¡Tendrás un "plan B"! Porque tienes un "plan B". ¿No?

El arcángel se quedó mirando a Jesús, que seguía tan tranquilo, como cuando le llevaron a la adúltera y Él se entretenía pintando en el suelo. Finalmente, con una sonrisa, Jesús contestó a Gabriel: Pues no, no tengo un "plan B". Ellos son los que van a hacer presente el reino de mi Padre en la tierra.

Les enviaré mi Espíritu y, con su ayuda, harán vida la buena noticia del reino. Pero no de golpe, sino como la semilla que se siembra y poco a poco va creciendo.

Yo confío en ellos, con sus debilidades y con sus dificultades. Los conozco, porque me los ha dado mi Padre, y sé cómo es cada uno; por eso también sé que, con la ayuda de mi Espíritu Santo, podrán llevar a cabo su misión.
El Espíritu acudirá en ayuda de su debilidad.

Y es que Jesús no tiene un "plan B". Se fía de nosotros. Y se fía tanto, que nos ha ido dejando la responsabilidad de hacer presente el reino en cada lugar en que nos encontramos. Sea en casa, o en el trabajo, o con los amigos, acompañando a un familiar enfermo o a alguna persona que sufre. Sea como misioneros en países lejanos al nuestro, o como misioneros en la misma ciudad en la que nacimos. Porque misión es nuestra vida si la llevamos a cabo desde el mensaje del amor de Jesús.

¿Que somos débiles?, ¡pues claro que lo somos!, eso Jesús ya lo sabía cuando nos amó primero.
¿Que metemos la pata?, ¡por supuesto!, por eso el Señor avisó que hay que perdonar no siete veces, sino setenta veces siete.

Creo que con este cuento, y con el recuerdo que nos trae Pentecostés de que contamos con la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, Espíritu que viene en ayuda de nuestra debilidad, podemos mirar de otro modo las cosas.

Jesús no tiene "Plan B", es decir, se fía de mí. Y se fía de quien está junto a mí.

Eso fue lo que hizo que Madre Dolores aceptara no ser ella la Superiora General de la Congregación desde el año 1886. Sabía que todo el plan era de Dios. Confiaba en el "buen criterio" de Dios, y también sabía perfectamente que la salvación pasó por la cruz.


Patio del Sagrado Corazón, en el que se encontraba el "De Profundis", en el convento de Santa Isabel,
donde Madre Dolores pasó los últimos años de su vida.
No creo que ella pensara que Madre Salud la traicionaba, ni que era su "Judas". A lo mejor, en algún momento pensó que con esa forma diferente de hacer las cosas que tenía Madre Salud, no se estaba siendo completamente fiel al plan que ella había percibido ser la voluntad de Dios para la Congregación. No lo sé. De lo que sí estoy segura es de que ella aceptó que la voluntad de Dios no siempre coincide con lo que me gusta; con aquello que me hace sentir bien.

También estoy segura de que, aunque Madre Salud no la trató como debiera haberlo hecho, la forma en que lo vivió Madre Dolores, fue la correcta.
Madre Dolores aprendió, sufriendo, como Jesús, a obedecer; y por eso, su cruz y su muerte trajeron resurrección y Espíritu, Pascua y Pentecostés,  a la Congregación y a cuantos nos sentimos Filipenses hijos e hijas de María Dolorosa..

Los que están a mi lado no son perfectos, meten muchas veces la pata. (Yo también, pero ahora no estoy hablando de mis equivocaciones, sino de los de los demás).

Los que viven conmigo muchas veces me hacen sufrir: Porque no hacen las cosas como yo creo que deben hacerse, porque no tienen mis gustos, o porque, en ocasiones, aunque no tantas como nos gusta pensar, están completamente equivocados.

Me hacen sufrir y entonces creo que el plan de Dios ya no va a funcionar, que Dios tendrá que tener un "plan B". Me digo: ¡Yo hago todo lo que puedo!, pero ... ¡los demás! Los demás dejan mucho que desear.

Pensar así es no confiar en "el buen criterio" de Dios, que les ha amado, les ha llamado a la fe y a la vida, y es el primer interesado en que obren bien.

El Espíritu Santo viene en ayuda de nuestra debilidad. Si creemos que Jesús envió su Espíritu, como afirmamos en el credo; ¿podremos esforzarnos un poco y fiarnos de Él?

Cuando mi hermana, mi amigo, mi marido o mi mujer; cuando mis hijos o mis compañeros no responden a mis planes... ¿Por qué no pienso que Jesús no tiene un plan B?

Eso me ayudará a mirarles de otra manera; a aceptar que se equivocan, al menos, tantas veces como yo. Y... ¡Si Dios se fió de mí!, si se fió de ellos, ¿por qué no voy yo a poder pensar que, por esos errores, y por lo que yo maduro cuando acepto esos errores como parte de la vida, pasa el establecimiento del Reino de Dios en la tierra?

¿No podrá Dios, por medio de su Espíritu, poner lo que falta por sus debilidades?

No sé si alguna vez habéis hecho un examen y habéis pensado después: "Bueno, Señor, yo he hecho lo que he podido, ahora, échame tú una mano, y, si es necesario, arregla lo que yo he puesto mal".
Yo lo he pensado y orado muchas veces; no sólo tras los exámenes, también cuando termino de preparar un trabajo, o tengo que hablar con alguien, o... Le digo: Yo ya he puesto mi parte, ahora, pon la tuya. Somos un equipo.

Y, si el Señor lo hace por mí, corrigiendo mis errores, ... ¿por qué no pedírselo para los demás?

El Espíritu Santo viene en ayuda de mi debilidad; pero también en ayuda de la debilidad de mi hermano. No olvidemos que Jesús no tiene plan B. Fiemonos de Él.

Os invito a llamar al Espíritu para que venga en ayuda de vuestra debilidad. No es fácil la vida; pero si vamos creciendo, poco a poco, es hermosa. Pongámosla en sus manos.

Admirémonos del amor de Dios, que no tiene plan B, escuchando la canción "Dios fiel" del grupo Ain Karem.

Pero, ¿cómo es posible que tú vengas hasta mí?
Pero, ¿cómo es posible que camines a mi lado?
Pero, ¿cómo es posible que hagas fiesta desde mi pecado?
Pero, ¿cómo es posible que me elijas a mí?

Pero, ¿cómo es posible que tú vengas hasta mí?
Pero, ¿cómo es posible que camines a mi lado?
Pero, ¿cómo es posible que hagas fiesta desde mi pecado?
Pero, ¿cómo es posible que me elijas a mí?

Todo, todo es posible para Dios.
Todo, todo es posible para Dios.
...
Tus caminos no son los nuestros.
Tú el Dios desconcertante y fiel.

Todo, todo es posible para Dios.
Todo, todo es posible para Dios.
...
Tus caminos no son los nuestros.
Tú el Dios desconcertante y fiel.
¡Tú!, el Dios desconcertante y fiel.

Disfrutad del tiempo del Espíritu, y dejaos desconcertar por Dios.
Un abrazo.

lunes, 23 de abril de 2018

DILES QUE VAYAN A GALILEA

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Hola a todos.

En este tiempo pascual, recordamos las palabras que Jesús dijo a María Magdalena en su primera aparición después de resucitar: "Ve a decir a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán".

Dicen los exégetas, los estudiosos de la biblia, que "ir a Galilea" es volver a los orígenes, repasar las acciones de la vida pública de Jesús con los ojos puestos en la pasión, muerte y resurrección.

Volver a Galilea es, por tanto, tras el momento traumático de la muerte de Jesús, repasar su vida pública, recordar sus palabras, sus acciones y sus promesas, y comprender su sentido pleno.

Los discípulos, después de la muerte del Maestro, están tristes, desesperados por lo que parece que ha sido una falta de cumplimiento de las promesas que Jesús les había hecho.

Por eso, Jesús les envía recado: "He resucitado, no os he dejado, pero no lo vais a entender si no volvéis a vivirlo de nuevo". Recordad, les dice, todo lo que vivimos juntos, la felicidad que sentisteis, lo bueno que visteis, y eso os ayudará a no sentir mi ausencia, a trabajar por hacer presente el Reino de mi Padre.

Y, ese recado nos lo sigue enviando hoy: "Id a Galilea".

¿Por qué no ir también nosotros a Galilea?

Pero, ¿dónde se encuentra mi Galilea, si yo nunca he estado en tierra santa?



Madre Dolores fue a Galilea. Ella supo y nos lo enseña a nosotros. En una anotación de conciencia escribe: "El día del Sagrado Corazón de Jesús es de grato recuerdo para mí, parece que el Señor me dio nuevas fuerzas". "Es de grato recuerdo", eso quiere decir que con gusto vuelve a ese momento. Y lo hace con gozo, con la alegría del que sabe "volver a Galilea" cuando es necesario, cuando las fuerzas faltan, cuando la vida se hace dura, cuando lo que le rodea le resulta agreste, contrario, difícil y arduo. 

Madre Dolores volvía a Galilea y en su particular Galilea encontraba la fuerza para poder caminar, para poder seguir adelante. Podemos estar seguros de que, en los días de soledad en Madrid, buscando casa y la aprobación de la congregación, recordaría a Madre Rosario y a las jóvenes acogidas; recordaría los buenos momentos y los momentos de gracia en que había sentido la llamada a dejar la vida tranquila del claustro y cambiarla por la ajetreada de hacer de madre de las jóvenes más necesitadas de su amor.

¿Cuál es mi Galilea?, ¿dónde puedo ir para encontrar a Jesús Resucitado en mi vida?

Busquemos en nuestros recuerdos. 

Revolvamos el baúl en el que atesoramos los recuerdos de la infancia, de la juventud, incluso de la edad adulta.

Seleccionemos nuestros recuerdos de Galilea. Aquellos momentos en que sentimos la presencia de Dios. A lo mejor una oración con nuestros padres o con abuelos, en el colegio o en catequesis. Algún momento en la capilla del colegio.

Momentos en los que sentimos la presencia de Dios cercana, amable. 

Recordemos lo que sentimos cuando encontramos una mano amiga que nos ayudó después de alguna caída. Pudo ser una caída en el patio del colegio, o en la calle, o en el parque... Pudieron ser nuestros padres los que nos levantaron, u otro familiar, o alguna persona desconocida. 

Volvamos a vivir la presencia de Jesús al que vimos cercano, a lo mejor el día de nuestra primera comunión; de nuestra primera semana santa, de nuestra primera oración consciente.

Revivamos la fuerza que sentimos aquel día que estábamos cansados y llamamos a Dios para que nos ayudara, porque no sabíamos qué hacer.

O aquel silencio habitado que experimentamos en alguna ocasión al entrar en una iglesia vacía y callada.



Guardemos nuestra particular Galilea en un cajón aparte, separados esos recuerdos del "cajón de sastre" que puede llegar a ser nuestra memoria. Y volvamos a menudo a encontrarnos con el Señor que nos ha ido acompañando.

Porque el "ir a Galilea" es para recuperar la esperanza en momentos de desesperanza; para recuperar la fuerza en momentos de debilidad. Si Dios estuvo aquel día conmigo; aunque hoy no le vea. ¿Por qué va eso a significar que me ha abandonado?

Jesús, en su pasión, cuando sintió el abandono del Padre, yo creo que también volvió a su "Galilea" personal. También tuvo que volver a recordar sus propias experiencias del amor de Dios. Aquellas experiencias que, como hombre, le hicieron reconocer a Dios como Padre, como Abbá.

Quiero imaginar que Jesús, al ver a su Madre al pie de la cruz, trajo a su memoria sus recuerdos de la infancia, de la juventud en el taller de Nazaret. El recuerdo de la narración que le hicieran sus padres de cuando tuvieron que huir a Egipto, de cuando le contaron cómo Dios le había salvado en aquel momento de Herodes. Tuvo que volver a recordar la cara de preocupación de sus padres cuando con doce años se quedó en el templo de Jerusalén, y descubrió el gran amor que le tenían, que no le habían abandonado, que habían estado buscándole por tres días. Imagino que esos recuerdos le reconfortaron y le ayudaron a decir "En tus manos encomiendo mi espíritu"

Si durante los momentos pasados no me abandonaste, Señor; ¿por qué me vas a dejar solo ahora?

Por eso es tan importante volver a Galilea. ¡Buscadla!, está ahí. No paréis hasta encontrar la Galilea de vuestras vidas, que en ello nos va la vida de ahora.

Y ¡volved a Galilea!, que allí os está esperando el Señor, para recordaros cuánto os ama, cómo os cuida, cómo os protege.

Tenéis vuestra propia Galilea, ¡volved a ella!, que en ella os espera Dios.

Hoy os propongo escuchar, en clave de Galilea, la canción del grupo de Ain Karem titulada "Como la cierva". Y os propongo escucharla dos veces, es una canción muy cortita, y así profundizar un poco más en el mensaje de este salmo 42, que es tan hermoso.
Como la cierva que busca corrientes de agua
mi alma te busca a ti, Dios de mi vida.

Cuando volveré a ver tu rostro mi Dios.
De ti siento nostalgia.

¿Por qué me encuentro abatido?, esperaré en ti.
Tú eres mi Dios y mi vida.

De día me brindas tu amor. De noche te cantaré.
Mi oración, mi vida es para ti.

Vayamos a nuestra Galilea a buscar, como la cierva, la corriente del agua viva que es Dios.

¡Feliz tiempo Pascual!

viernes, 23 de marzo de 2018

JUNTO A LA CRUZ

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Hola a todos.

Y muy feliz día de nuestra Madre Dolorosa.

Junto a la Cruz de Jesús estaba su Madre.

Junto a ella. Sin escapar del dolor que sentía. Sin huir del dolor de su Hijo. Mirándole, animándole, dándole confianza.


Así estuvo Madre Dolores. Junto a las cruces de quienes en su tiempo estuvieron en ella.

Primero fue su madre, y luego su padre, a quien no dejó en ningún momento.

Después su hermana, que padeció una enfermedad que la dejó inválida. Y continuó con el cuidado de sus tíos hasta su muerte.

Junto a las cruces, sin huir, animando, cuidando, mimando como María a Jesús.

Y, cuando pensaba que iba a "descansar", Dios puso otros "Cristos" en su camino. Otras personas que, como Jesús, eran "despreciables, desecho de hombre, varón de dolores, ante quien se oculta el rostro". Pero lo eran en femenino: "despreciables, desechos de mujeres, mujeres sufrientes ante quienes la sociedad ocultaba el rostro".

Y allí, junto a sus cruces, estuvo Madre Dolores. De pie, sin mirar a otro lado, sin esconderse ni temer que a ella también le negaran el saludo o le llamaran de todo.

Intentando hacer lo posible por "rescatar" de sus cruces a los crucificados; y si no se puede, al menos sin abandonarlos a su suerte; acompañándolos en silencio; escuchando sus quejidos y orando por ellos y junto a ellos.

Imitando a María Dolorosa, cuyo nombre llevaba.

Una imitación a la que, como Filipenses Hijas e Hijos de María Dolorosa, estamos todos llamados.

Porque, en nuestras vidas diarias también nos rodean los crucificados. No hace falta irse muy lejos a buscarlos: la enfermedad de un familiar, un hijo que pasa por dificultades, problemas laborales que, a lo mejor, no son nuestros, pero que afectan a quienes tenemos cerca.

También puede ser alguna persona que conocemos en el trabajo y que parece "perdida" sin saber dónde acudir. Porque en una sociedad como la nuestra, en la que los medios de comunicación social nos invitan a "compartir" y a "aplaudir", o decir "me gusta"; es difícil compartir la dificultad, la pena, el sufrimiento.

¿Quién va a poner en su página de Facebook que está sufriendo por algo?, ¿quién le va a poner un "me gusta"?

Y si alguien lo pone será porque ya no es sufrimiento, sino rabia. ¡Qué fácil es expresar la rabia y el enfado en las redes sociales!, y ¡qué poco pensamos en el daño que podemos hacer expresándonos así, que la mayoría de las veces es en tonos ofensivos!

Y, si la persona a la que ofendemos no lo ve, estamos haciendo daño a los que lo leen.

Últimamente suelo ver por estos medios reacciones agresivas incluso en personas católicas; qué poco ejemplo damos, a veces, simplemente por "reenviar" mensajes que, podemos leer y hasta estar, en alguna medida, de acuerdo; pero que, como cristianos, debemos convertir en oración por la persona que hace mal, aunque nos lo haga a nosotros.


Eso fue lo que enseñó Jesús. Eso fue lo que hizo María al pie de la Cruz.

¿Os imagináis a María al pie de la Cruz gritando en contra del emperador, o de los sumos sacerdotes?

Habría tenido derecho.

También lo habría tenido Jesús.

Pero no nos querían enseñar eso.

Devolver bien por mal. Orar por los que os persiguen. Poner la otra mejilla...

Nuestras constituciones, el espíritu que todos nosotros compartimos, nos pide "acoger en nuestro corazón incluso los deshechos de una humanidad rota".

A veces podremos hacer algo. Otras no. Pero lo que estamos llamados a hacer siempre es acompañar. Estar junto, no abandonar.

Porque si la presencia de María al pie de la Cruz libró a Cristo de la tentación de la desesperación y le ayudó a poder decir "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"; nuestra presencia puede ayudar a quienes nos rodean a decir lo mismo, a convertir sufrimiento en liberación. Porque se descubra que lo radical no es el sufrimiento, es el amor.

Y si damos amor a quien está a nuestro lado, ese amor liberará. No quitará el dolor, pero liberará de la esclavitud del dolor.

Es el misterio del Amor.

Es el misterio de la Cruz.

Es el misterio de la Corredención.

Miremos a María junto a la cruz cuando veamos a alguien en la cruz.

Miremos a Madre Dolores junto a la cruz cuando queramos imitar a María y no sintamos en nosotros la fuerza. Porque si Madre Dolores encontró, como le dijo a ella el Padre Tejero, en ella la luz, la imitación, el consuelo y la fortaleza. Nosotros, mirando a Madre Dolores y a María, podremos encontrar también la luz que nos guíe, la imitación que nos empuje y la fortaleza que nos sostenga.

Con la canción de hoy, titulada "La fe de María", de Son By Four, os invito a elevar vuestra oración al Señor para que, como María, como Madre Dolores, seamos capaces de amar por encima de nuestras comodidades y gustos.



¿Qué hubiese pasado si ella hubiese dicho que no,
o ignorado, o dilatado el anuncio de tu ángel de amor?
En cambio creyó en Tu Palabra y se hizo tu esclava en un acto perfecto y de fe.
Y hoy quiero ser como ella y amarte, aunque fueran las espinas y el camino de la cruz.

Dame la fe, Señor, la fe de María; para decirte sí. ¡Oh, sí!, un sí sin medidas.
Dame la fe, Señor, la fe de María; para renunciar a mí y entregarte mi vida.

Aunque traspasaron con una espada su corazón
Y su alma lloró el dolor de tus heridas; a los pies del madero se quedó
y hoy ella es nuestra Reina y Señora; y Tú nos incorporas a tu eterna familia de amor.
Y yo, en tu amor quiero permanecer, postrado a tus pies. Es lo único que un día llevaré.

Dame la fe, Señor, la fe de María; para decirte sí. ¡Oh, sí!, un sí sin medidas.
Dame la fe, Señor, la fe de María; para renunciar a mí y entregarte mi vida.

Que tengáis muy feliz día de María Dolorosa y feliz Semana Santa.

sábado, 3 de marzo de 2018

¿A QUIÉN QUIERO AGRADAR?



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Hola a todos:

El día tres de febrero inauguramos, con una solemne eucaristía, la celebración del Bicentenario del nacimiento de nuestra Fundadora, Dolores Márquez. Si en la celebración del centenario de su muerte aprovechábamos para recordar su deseo de ser toda de Dios, este día recordábamos que ella decía que el predominante deseo de toda su vida, y toda su aspiración era "agradar a Dios".

Primero fue en ella el querer ser grata para Dios, y posteriormente, cuando su conciencia sobre su ser de criatura fue creciendo, se dio cuenta de que sólo sería feliz si se dejaba poseer por Dios. Un paso lógico en un alma abierta a la presencia absoluta de Dios en su vida y en su realidad diaria.

No fue la vida de Madre Dolores un camino de rosas; pues ya desde su infancia tuvo que pasar por situaciones difíciles y coyunturas en las que la elección no era sencilla. Como cuando aquel joven la pretendía y cuando su padre le dijo que no le convenía, fue valiente y obedeció al padre. O, cuando eligió quedarse soltera y cuidar a su hermana pequeña; o  cuando, a la muerte de su hermana, decide seguir en el pueblo con sus tíos.

Pero elecciones así no son fáciles; estas son generalmente cosas que quedan en el silencio, ocultas; por las que nadie nos va a aplaudir. Son las decisiones que en las redes sociales serían tachadas de "tontas". ¿Cuántas veces no hemos oído decir: "mira que no ir al viaje sólo porque..."?, "pues ahora todos lo hacen, ¿por qué tú vas a ser menos?"

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Deseo imitar a la Virgen, cuyo nombre llevo. (Madre Dolores).

¡Qué fácil nos resulta juzgar las decisiones de los demás sin saber la intención que les mueve!

¡Qué fácil hacer lo que los demás, aunque algo nos diga en el fondo que no está bien!

Y, ¡qué fácil parece todo en los medios de comunicación! Sólo hay que elegir mirando el propio ombligo. Ya hasta tiene nombre: "¡Practica el yoismo!" Primero yo, después yo, y si queda algo, me lo pido. ¡Así de sencillo!

Recuerdo una ocasión en que una persona conocida mía se encontró sola con sus hijos tras un accidente de coche. Me contaba que no sabía qué tenía que hacer, pero que en esto se acordó de que siempre había tenido a la Virgen por modelo; y entonces se preguntó: "¿Qué haría la Virgen si le hubiera pasado esto?". Me dijo que, a partir de ese momento no tuvo más dudas, ya todo fue sencillo.
No recuerdo qué fue lo que hizo; pero sí la cara de satisfacción y tranquilidad que se le puso.

Pero, para nosotros hoy es bastante difícil encontrar un modelo. Y, por desgracia, casi nunca lo buscamos en Dios, o en la Virgen o los santos. Ahora tenemos otros modelos: los que tienen más seguidores en facebook, o los que "arrasan" en youtube, o los que son "políticamente correctos".

En tiempos de Madre Dolores también había modelos de este estilo; y más para ella, que se movía entre los miembros de la clase social alta, la "jet" del siglo XIX.

Pero ella eligió a la Virgen, "a la que deseaba imitar y cuyo nombre llevaba".

Eligió agradar a Dios, no a los hombres.

No estoy juzgando a los que eligen según la forma de ver del mundo; estoy diciendo que es difícil no hacerlo. Sobre todo, porque casi siempre que elegimos en clave evangélica nadie se entera, no salimos en las noticias, no somos importantes; más bien al contrario, incluso si lo queremos contar tenemos que decir: "¡No, si la tonta fui yo, que me quedé sin viaje!", o "Es que yo siempre soy el bobo que cargo con todo; y mientras los demás divirtiéndose".

Es que no nos atrevemos a decir las palabras verdaderas: "¡No!, si la generosa fuiste tú, que hiciste el favor a los demás para que pudieran hacer el viaje sin preocupaciones"; "Es que tú siempre eres el servicial que no buscas paga por ayudar a los demás".

No digo que nunca vayamos al viaje, ni que siempre seamos los que lo hacen todo. ¡No!, no se trata de eso; se trata de que cuando elijamos tengamos la libertad de hacerlo, y elijamos lo que realmente nos convierte en la persona que siempre hemos querido ser.

Eso fue lo que hizo Dolores Márquez. Eligió cómo quería ser, y paso a paso, día a día, año a año y en cada momento, fue dueña de sus elecciones; porque tenía claro que si quería responder a la imagen de persona en la que quería convertirse, unas decisiones agradarían a los demás, y otras no. Pero siempre quiso elegir las decisiones que agradaran a Dios; con quien iba a pasar más tiempo, en la tierra y después de su muerte.

Y eso es lo que hace que hoy, doscientos años después, la Iglesia la haya aceptado como modelo de comportamiento cristiano. Como modelo de vida que, ciertamente, lleva a la VIDA (con mayúsculas).

¡Claro que eso no hace más fácil para nosotros tomar decisiones!, pero debemos saber que, si ella, que era como nosotros, pudo con la ayuda de Dios. ¿Por qué Dios nos va negar a nosotros su ayuda?

Confiemos y pidamos a Dios su ayuda. Así podremos obrar según nuestro corazón y nuestra conciencia, y no nos inundará la tristeza que viene de saber que no estoy haciendo lo que quiero sino lo que me impone la sociedad.

Y, como es difícil sustraerse de tantas exigencias como nos impone la sociedad y los medios de comunicación, con la canción de hoy os invito a pedir a Dios su ayuda y que nos haga fieles. Fieles, en primer lugar a nosotros mismos y, en consecuencia también a Él y a nuestros hermanos. Puede recordarnos esta canción ese deseo y esa necesidad que nuestra alma tiene de Dios, para agradarle a Él como nuestra Fundadora, para estar agusto con nosotros mismos y, ¿por qué no?, también para que nuestros hermanos se sientan bien con nosotros. La canta Maite López en su disco "Amarás", y se titula "Fieles".

Haznos fieles a ti,
fieles a tu palabra,
fieles a tu voz,
Imagen relacionada
Reloj de Sol y Brújula
a tu voluntad,
fieles a tu evangelio,
a la buena noticia,
haznos fieles como eres tú.

Fieles, fieles,
cuando es de día
y de noche también.
Fieles, fieles,
a tu lado, contigo, por ti, para ti.

Haznos fieles al sur,
fieles a los pequeños,
fieles en la lucha
por un mundo mejor.
Fieles a los pobres,
a los excluidos,
Haznos fieles como eres tú.

Fieles, fieles,
cuando es de día
y de noche también.
Fieles, fieles,
a tu lado, contigo, por ti, para ti.
En la calma y en la tempestad.

Haznos fieles al pan,
fieles a tu cuerpo,
fieles a este vino,
a la comunión.
Fieles sin complejos,
fieles apasionados.
Haznos fieles como eres tú.

Fieles, fieles,
cuando es de día
y de noche también.
Fieles, fieles,
a tu lado, contigo, por ti, para ti.
En la calma y en la tempestad.

¡Feliz mes de marzo a todos!

viernes, 22 de diciembre de 2017

DOSCIENTOS AÑOS DE AMOR

Escucha esta entrada en nuestro Podcast Enclave de Fi

Hace doscientos años el 23 de diciembre cayó en martes.
Ese martes fue un martes normal para muchos. Un martes en el que hacía frío, en el que los trabajadores iban a los campos, a cuidar los rebaños, o a atender a los clientes en las tiendas. 
Ese martes los jueces y los abogados trabajaron también. 
Pero para Alonso, juez en la ciudad de Sevilla, no era un martes normal. Le enviaron aviso de que su mujer acababa de dar a luz a su primer hijo. "¡Ha sido niña!", le dijeron. Ese día cambió la vida de este juez que había repartido su parte de la herencia con sus hermanos, porque sentía que con la carrera tendría suficiente para llevar una vida holgada con su mujer Catalina y los hijos que Dios les enviara.
Pero Alonso era liberal en una España que quería aprender democracia, que estrenaba Constitución.
Por ser liberal, Alonso y su familia sufrieron cuando cambiaron las tornas políticas de esa España que oscilaba entre el absolutismo y el liberalismo.
Alonso fue desterrado a Portugal, mientras Catalina y las hijas, que ya eran tres, se escondían en La Puebla de los Infantes hasta el regreso del padre. 
Pero mayor sufrimiento que el destierro fue para él la muerte de Catalina, acaecida en el nacimiento de su última hija, cuando la mayor, Dolores, tenía tan sólo diez años.
Desde ese momento, Dolores pasó a ser "la Señora de la casa". 
La noche anterior, Dolorcitas, como la llamaban en familia, escuchó una voz que le decía "Esta es la última noche que tienes madre". Y le pidió a la Virgen que fuera su madre desde el cielo.
Hasta entonces, aunque había sido la hermana mayor, su mayor preocupación habían sido los estudios y los juegos con sus hermanas, en los que ella era la monja que recibía la visita en el locutorio que imaginaban en el jardín de su casa.
La que había sido amada, desde entonces tuvo una nueva tarea: la de dar amor.
Eligió amar y fue fiel en el amor.... ¡Hasta la muerte!
Amor a su padre a quien cuidó en esa larga enfermedad que acabó con los ingresos de la familia.
Amor a sus tías y a su tío sacerdote, a quienes ya ancianos cuidó hasta su muerte. Amor de gratitud a los que las acogieron en la casa materna del pueblo, mientras llegaba la pensión de orfandad que les correspondía por haber sido su padre funcionario del estado.
Amor a su hermana pequeña, a la que lloró cuando murió con tan sólo 21 años.
Y, una vez que se vio libre de lazos humanos, como ella decía, decidió seguir amando.
Amando a la humanidad entera desde la oración en el recogimiento del claustro carmelita de Sevilla.
Esa fue su decisión: la vida de clausura; pero Dios tenía otro camino para enfocar tanto amor y tanta fidelidad como ella estaba dispuesta a dar.
La Casa de Arrepentidas la estaba esperando; y en ella, la futura fundación de nuestra Congregación.
Allí pudo dar amor a raudales; hacer suya la misericordia de Dios que ama gratuitamente, sin que la criatura sea digna por sus obras de ser amada.


"Ellas me hacen ver lo que yo soy ante Dios", dijo. Porque veía en ellas las mismas debilidades de todos los seres humanos, sus mismas debilidades.
Con las jóvenes arrepentidas aprendió Madre Dolores a amar como Dios: a amar a fondo perdido; sin esperar recompensa.
Pero si con las arrepentidas lo aprendió; tuvo toda su vida para ejercitar ese amor elegido, para ser fiel en los infinitos "pocos" que fueron poblando su trayectoria.
Como fundadora tuvo que permanecer fiel cuando todo estaba en contra de la fundación y de la cesión de una casa. Tuvo que permanecer firme cuando parecía que la revolución, que tantas comunidades se llevó por delante, iba a acabar con la suya, pues sin dinero, sin local, sin la presencia del fundador, expulsado con los filipenses de España; todo parecía abocado desaparecer.
Como Madre de sus hijas las jóvenes acogidas, tuvo que permanecer fiel a ellas en ese amor que es paciente, que perdona, que acoge una y otra vez; ese amor que no espera agradecimiento, que da por elección propia y no por merecimientos.
Como Consagrada tuvo que permanecer fiel en el seguimiento del Crucificado que le llevó a dejarse crucificar ella también, por las que en la congregación creían saber más que ella; diciendo con Jesús:
"No me quitan la vida, la doy yo".
Fidelidad al amor en esa frase suya, que fue dicha hablando de las acogidas, pero que repetiría vitalmente hasta su último aliento: "Amándolas siempre".
Fidelidad y amor que han hecho que Madre Dolores, dos siglos después, siga viva.
Fidelidad y amor que estamos nosotros llamados a vivir, siguiendo sus huellas.
"¡Sí!, ¡claro!, pero Madre Dolores era una santa y nosotros no". Me podéis decir.
Pero yo me vería obligada a responderos: "Y, ¿quién te ha dicho que tú no estés llamado/llamada a ser santo/santa?"
O, mejor aún: "¿Por qué hay que ser santo para poder elegir la fidelidad y el amor?"
Elegir amar no es nada extraordinario. Consiste simplemente en optar.
¿Que la otra persona no me ama?, ¡vale!; pero ¿quién te ha dicho que si tú eliges algo, el que está enfrente también tiene que elegirlo? ¿Entonces sólo tomo patatas fritas cuando a todos les gustan las patatas fritas?
¿Por qué en las cosas que nos gustan tenemos claro que los demás no tienen por qué elegirlas también, y en las cosas del amor siempre tenemos que esperar a ver lo que hacen los demás?
¿Cuándo vamos a elegir ser fieles y amar porque nosotros queremos?
¿Cuándo vamos a dejar de esperar a que el mundo sea bueno para poner nuestro granito de arena?
Hoy en día, si el juego no va como yo quiero, en seguida rompo la baraja. Pero, ¿por qué? ¿Por qué nos da miedo ser como nos gustaría ser, y no como son los demás?
El Bicentenario de Madre Dolores nos invita a hacernos esta pregunta; y Madre Dolores, con su ejemplo vivo de cómo el amor elegido y fielmente defendido conduce a la felicidad plena incluso sufriendo el abandono o el desamor de los más allegados nos continúa hoy invitando a ser fieles y a amar sin condiciones, con amor de misericordia.
Hoy os invito a escuchar una canción titulada "Por siempre te amo", en la que la cantante del grupo Athenas nos recuerda la incondicionalidad del amor de Dios.



Por tanto... ¡No tengamos miedo de amar!
¡Elijamos el amor!
¡Elijamos amar!
¡Elijamos defender la fidelidad en este mundo roto de infidelidades!
¡Feliz bicentenario a todos!

sábado, 21 de enero de 2017

VIDA DOCUMENTADA DE MADRE DOLORES

Escucha este post en nuestro Podcast Enclavedefi

Hola a todos.

Con mucho gusto publicamos hoy en nuestro blog "Enclave de Fi" el enlace donde encontraréis en formato de libro electrónico la "Positio", la Vida documentada y Virtudes de Madre Dolores Márquez.


Madre Dolores Márquez Romero de Onoro
Fundadora de la Congregación
Filipenses Hijas de María Dolorosa.

Escrito con minucioso trabajo y detalle por nuestra Hermana, Madre María de Fátima Valseca, que fue la primera en investigar sobre la vida de Madre Dolores y también la primera Vicepostuladora de la Causa de Beatificación y Canonización de la Venerable Madre Dolores Márquez.

Gracias a su trabajo fueron reconocidas, por la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, las virtudes heroicas que nuestra Fundadora vivió; y por ello fue reconocida Venerable por la Iglesia.

Madre María de Fátima murió sin ver reconocida por Roma la grandeza de Madre Dolores; ya que fue a los pocos meses de su fallecimiento que la Causa de Beatificación dio el "paso de gigante" que supuso que Madre Dolores fuera nombrada Venerable.

Hoy, con orgullo y reconocimiento, y como homenaje no sólo a Madre Dolores, sino también a la ardua tarea de Madre María de Fátima, compartimos con vosotros y con cuantos quieran disfrutar de la lectura de esta biografía los enlaces en que podréis descargar los archivos para libro electrónico de la Positio super Virtutibus (Exposición de la vida y virtudes) de Madre Dolores Márquez, publicada en Roma en el año 1992.

Archivo MOBI

Archivo EPUB

Espero que disfrutéis de con su lectura y os sirva de meditación y ejemplo en vuestras vidas cristianas.

Hoy no vamos a escuchar una canción, sino la entrevista que la televisión de Écija hizo a Madre María de Fátima con motivo del 50 aniversario de la fundación de la Casa en 1988.

Os ruego que perdonéis las deficiencias que tiene tanto en imagen como en sonido, ya que lo hemos digitalizado desde el vídeo VHS en que estaba grabado y que ha sufrido el paso del tiempo, como es natural.

Os abraza,
El Equipo de Fundadores.



jueves, 29 de septiembre de 2016

RENOVARSE O MORIR

(Escucha esta entrada en nuestro podcast)

Hola a todos y todas:

El 24 de septiembre celebra la Iglesia la festividad de Nuestra Señora de las Mercedes. 

La palabra merced quiere decir: misericordia, ayuda, caridad.



Una antigua tradición narra que en el año de 1218 la Virgen se le apareció a san Pedro Nolasco recomendándole que fundara una comunidad religiosa que se dedicara a socorrer a los que eran llevados cautivos a sitios lejanos.
San Pedro Nolasco, apoyado por el rey Jaime el Conquistador fundó la Orden religiosa de Nuestra Señora de la Merced. 
Esta comunidad religiosa lleva muchos siglos ayudando a los prisioneros y ha tenido mártires y santos. Sus religiosos rescataron muchísimos cautivos que estaban presos en manos de los sarracenos.
Desde entonces, en su advocación de las Mercedes, Nuestra Señora es signo de redención de cautivos.
Nuestros fundadores eligieron esta fiesta para que las Hermanas realizaran sus primeros votos perpetuos, ya que nuestro carisma también es de redención de cautivos; pues, aunque no se trate de presos físicamente encarcelados, el ayudar a la mujer a salir de la opresión y la marginación es una forma de liberarla.

Este es el motivo por el cual cada año, en esta fecha, celebramos la renovación de nuestros votos religiosos.

Y es curioso que el primer convento en el que estuvo la Congregación fuera de los padres Mercedarios. Allí nos encontramos con el Cristo de la Misericordia, patrono de las arrepentidas.


Iglesia del Señor San José, Sevilla.

Esta vocación de merced y misericordia la llevamos todos los que nos llamamos Filipenses hijos e hijas de María Dolorosa, y todos estamos, como dijo Madre Dolores poco antes de su primera profesión, "llamados a entrar en la renovación de nuestro llamamiento".

Ella se sintió llamada a entrar en la renovación de su llamamiento al ver cómo se comportaban las religiosas y las jóvenes que antes habían sido prostitutas durante unos ejercicios espirituales que todas compartieron. 


Fueron las personas de su alrededor las que renovaron en ella su llamada. 


Y hoy, son también las personas que están a nuestro alrededor las que nos impulsan a renovar nuestras motivaciones, nuestros esquemas de vida; a dar un giro a nuestros pasos que se han vuelto cómodos y dirigirlos hacia los márgenes de la sociedad.


Dice el Papa Francisco que los cristianos hemos de salir, de ir a las periferias de la sociedad; que los pastores tienen que "oler a oveja". 


¿Y yo?, nos podemos preguntar. 


¿Estoy cómodamente sentado en mi rutina? 


¿Ya me he convencido ya de que las cosas no van a cambiar por mí?


¿Me he dado por vencido en mi lucha contra el mal en mí mismo, en mi comunidad, en mi familia, en la parroquia, en la sociedad, en el mundo?


Pero ya sabéis que sólo hay dos alternativas, ya lo dice el refrán: "Renovarse o morir". Porque el que se estanca, muere.


Renovar significa hacer nuevo otra vez, es decir, volver a estrenar cada día ese llamamiento que un día (o más) recibimos del Señor. Significa recuperar las ganas de luchar a favor del ser humano. Significa recuperar las fuerzas que me ayudan a sonreír en la mañana, a hacer un favor de buena gana, sin esperar recompensa; a hacer mi trabajo con ilusión, con gana nueva.

Pero, ¡claro!, me diréis, M. Dolores vio el ejemplo de quienes la rodeaban, y yo estoy muchas veces obcecado en lo malo que me rodea que no soy capaz de ver lo bueno;  no veo más que egoísmo y trampa en el mundo. Cada uno va a lo suyo, los políticos nos engañan, en las tiendas nos engañan, la televisión nos engaña. Y así, una lista interminable que me lleva a acomodarme en mi situación sin romper con esas cadenas que cada día engordan más. ¡Qué lejos quedan aquellos años de mi juventud en que no me importaba si iba a lograr mucho o poco!, aquellos días en que cada mañana era una nueva oportunidad para el compromiso, costara lo que costase.


Es que hoy, decimos, hoy todo es más complicado. Hoy somos más conscientes de que lo que hacemos está envenenando el aire, contaminando el planeta. Y, para más inri, es un problema que escapa de mis manos. 


Entonces surge la pregunta: ¿Es posible renovarme? ¿Cómo podré hacerlo? ¿Cómo se renovó Madre Dolores?


Es cierto que lo que podemos hacer por el planeta es realmente limitado, y que casi todos lo intentamos cuidar en nuestra vida diaria. Pero, ¿es limitado lo que podemos hacer para que esta sociedad sea más justa?, ¿no está en mis manos cambiar mi actitud?



Cristo de la Misericordia (Convento Santa Isabel)

Si miramos al Cristo de la Misericordia nos habla de Sufrimiento, de Agonía. Eso es cierto, pero también nos habla de bondad, de Amor absoluto, de Salvación. A veces nos sentimos como los judíos cuando eran picados por las serpientes en el desierto, con la muerte cerca. Y para ellos Yahvé dijo a Moisés que hiciera  una serpiente de bronce y la pusiera traspasada en un poste, y así, el que mirara a la serpiente de bronce se curaría.


Lo mismo nos pasa cuando miramos la cara del Cristo de la Misericordia, lo nuestro empequeñece, retoma su medida, y nos damos cuenta de todo el Amor que podemos, con su ayuda, poner en nuestras pequeñas obras de cada día.

Porque, es gracioso, pero cuando más hizo el Señor por nosotros fue cuando, clavado en la cruz, no podía hacer nada.

A lo mejor es que pretendemos hacer muchas cosas, y nos olvidamos de la importancia de ir cada día con el amor por delante, forjando una nueva relación entre las personas, una relación basada en el Amor que todos recibimos del crucificado.


Pero, para eso, debemos pasar tiempo mirando al crucificado. Pongamos en nuestro bolsillo, en nuestro ordenador, en nuestro teléfono móvil una foto del Señor, puede ser como pantalla de inicio, pero también puede ser en la "galería" como otra foto más que nunca borremos y de vez en cuando miremos, como se mira la foto de los amigos, de los familiares, de los hijos; como esa foto que cuando tenemos que liberar espacio decimos, ¡No, esta no la puedo borrar! 


Miremos al que traspasaron por nuestro amor, renovemos en Él nuestra vocación al amor y seamos consecuentes en nuestra vida diaria. Sin hacer nada especial, sólo poniendo un poquito más de amor en las pequeñas cosas que cada día hacemos.


Así veremos como, imperceptiblemente, nuestra vocación al amor, que recibimos en el bautismo, se va renovando y encuentra fuerzas día a día, para caminar por el camino que lleva a la vida.




La canción que hoy os invito a escuchar es de Ruth Ríos: Tomando de la fuente. Nos recuerda la importancia que tiene beber de nuestras fuentes: la Palabra de Dios y nuestro carisma, las palabras del Padre Tejero y Madre Dolores, para renovar nuestra vida y cambiar la rutina en ese "algo nuevo" que necesita "odres nuevos".


Tomando de la fuente,
estoy tomando de la fuente que no cesará.
Bebiendo agua viva,
provista por el Padre,
estoy tomando de la fuente que no cesará.

Esa fuente de que estoy hablando

vida eterna que ya está brotando
lava todas tus penas y dolor
Estoy parado en la corriente 
que atraviesa toda mi alma
y brota para vida eterna en mi ser.

Estoy tomando de la fuente...


Oh! ¡Cómo llena mi ser!

¡Estoy seguro que nunca jamás tendré sed!
¡Oh, Como llena mi vida!
Este gozo que yo sentí cuando lo conocí.

Estoy tomando de la fuente...


Miremos a nuestro alrededor, percibamos las señales que nos invitan a forjar un mundo nuevo; agradezcamos el esfuerzo que muchos hermanos hacen para renovarse y no morir.


Amemos mucho y miremos al crucificado para poder descubrir la llamada a la renovación escondida en lo que pasa a nuestro alrededor y en los que nos rodean.

¡Feliz mes de octubre!